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Compositor,
cantante desde 1981, y multi
instrumentista consagrado, aunque
su territorio natural sean las
guitarras, Steve Hackett reafirma
en cada entrega una sana obsesión
por encontrar desconocidos recovecos
sensoriales que puedan aportar
a quien le escuche nuevos parajes
por explorar de su mano. Nacido
en Londres, en febrero de 1950,
Hackett es sobre todo conocido
en el mundo por haber sido el
guitarrista que con Genesis
firmó, junto al gran
Peter Gabriel (desde 1970 y
durante cinco años),
las mejores paginas de una personal
banda de rock progresivo conceptual
y transgresor que marco, en
sus inicios, una impronta en
la historia de la música
popular del siglo XX, para luego
caer, en la década de
los 80, cuando ellos ya no estaban
en la banda, en la horterada
y la comercialidad sin limites
de la mano de la voz nasal-y
bastante molesta-de Phil Collins
y sus compinches.
La carrera
en solitario de Hackett se remonta
a 1975 y desde entonces a propuesto
discos que transitaban por el
rock progresivo, el pop, la
música brasileña
o grandes obras orquestales.
Una trayectoria apasionante
y desconocida en España
porque aquí tan solo
tuvo cierto reconocimiento cuando
trabajo a principios de los
ochenta con Max Bacon y Steve
Howe (Yes, Asia) y editaron
el único y delirante
disco de GTR. Sirvan estos apuntes
como mínima referencia
(tan solo una nota con el propósito
de situar al personaje), para
reivindicar el talento de una
mente que durante años
ha coqueteado con diferentes
estilos y trabajado con músicos
de variados calibres, en una
constante necesidad de comunicar
con la música algo más
que armonía y ritmos
difíciles.
La imaginería
de Steve Hackett no ha envejecido,
al contrario ha ganado sabores
con el paso de los años
y merced a los diferentes trabajos
con los que el británico
ha cuajado una larga y jugosa
travesía. Mencionar un
estilo definido para definir
su nuevo álbum, “To
watch the storms”, es
como tratar de descifrar la
clave del origen del cosmos,
porque son tantas y tan variadas
las teorías que ninguna
concluye en un resultado definitivo.
Los territorios que explora
el disco, y las fuentes de las
que se nutre (raíces
perdidas en el tiempo revisitadas
y poniéndolas de plena
actualidad), no son aptas para
mercados zafios que necesitan
devorar artistas. La carrera
de Hacket es de fondo y su liga
no es la del éxito vulgar
sino la de arrojar su talento
para aquellos que quiera acercarse
y disfrutarlo sin prisas. “To
watch the storms” muestra
un trabajo de guitarra impecable,
tanto cuando es electrificada
o en deliciosa versión
acústica, inmensas atmósferas
que crean pomposos entornos,
sugestivos acordes de vientos
y pianos, conviven con un buen
numero de programaciones mientras
la voz de Hacket, cristalina,
aparece y desaparece según
pida la historia, la canción.
Hacket maneja una impecable
técnica guitarristica
que expande las fronteras del
instrumento en cada nota, celestiales
o terrenales sus interpretaciones
son deleite para los sentidos
y escuela para todo aquel que
estudie y ame las seis cuerdas.
“To
watch the storm”, su mundo,
esta fortificado sobre ecos,
destellos de fuerza, susurros
y recónditos claroscuros.
Este nuevo disco denota la formación
clásica de un músico
que siempre ha tratado de actualizar
nuevos prismas a la hora de
escribir y ejecutar rock. El
álbum también
se ha editado, según
nos informan, en una lujosa
edición especial que
contiene, además de cuatro
temas inéditos (que no
hemos escuchado), un libreto
de 40 paginas con ilustraciones
exclusivas de Kim Poor y anotaciones
sobre el proceso de composición
del disco de Hackett.
Tal vez deberíamos hablar
de arte en movimiento, al escuchar
estas trece canciones producidas
por el mismo, para definir tajantemente
la creación atípica
de un artista con mayúsculas.
“To watch the storms”
es un rara avis en la escena
rockera contemporánea
al ser un disco demasiado elegante
para tiempos tan necios, y mercados
tan exigentes como ciegos.
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