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Los grupos
que, teóricamente, están
más alejados de lo que
son mis gustos musicales pero
que, sin embargo, me toca comentar
poseen, para mí, una
ventaja a la hora de encarar
una reseña. Soy “virgen”
en ideas preconcebidas ante
sus discos. Alguno pensará
que eso es incoherente porque
si no entran de mi espectro
habitual eso quiere decir que
ya, de inicio, estoy condicionado.
Nada más lejos de la
realidad. Yo los escucho. ¿Qué
me agradan? OK. ¿Qué
no? Pues a otra cosa.
A Stone Sour
los he “negado”
dos veces en mi vida. La primera,
en el estadio de la Peineta
cuando ejercieron de teloneros
de Metallica. A pesar de encontrarme
dentro del recinto ni tan siquiera
les vi sobre el escenario ya
que me metí en los vomitorios
para esperar al hermano de un
amigo que llegaba con el tiempo
pegado. Más recientemente,
tocaron en la edición
2007 del Graspop y consideramos
que era un buen momento para
ir al Metal Market a comprar
discos y descansar el oído.
El debut de
la banda paralela de Corey Taylor
y Jim Root de Slipknot pasó,
para mí, desapercibido.
A nivel masivo sí cosechó
un importante éxito pero
recuerdo ver un par de videoclips
que me resultaron insulsos,
tanto como para no haberme acercado
a “Come what(ever) may”
y eso que salió al mercado
a finales de verano del año
pasado. Ahora nos encontramos
ante la edición especial,
es decir, la típica jugarreta
sacacuartos propia de Roadrunner.
¡Anda que no la habremos
visto veces! Como soy neófito
ante ellos, voy a dedicar unas
palabras a las canciones ya
conocidas porque creo que, de
lo contrario, el análisis
no quedaría completo.
Reconozco que
la sensación general
que me ha dado este álbum
editado por Roadrunner (“Come
What(Ever) May – Special
Edition” ) ha sido buena.
Pienso que Corey es un excelente
cantante y que Stone Sour es
la proyección de su pasión
por la música de la primera
mitad de los noventa. Muy poco
se parece a lo que hacen Taylor
y Root en Slipknot. Creo que
la mezcla entre metal moderno
y hard apegado a la década
pasada funciona. El inicio con
“30/30 – 150”
está francamente bien.
Tema con mucho ritmo y gancho,
algo que también sucede
con la canción que da
título a la obra, más
roquera pero igual de adictiva.
“Come
what(ever) may” presenta
un equilibrio acertado entre
cortes cañeros, otros
a medio tiempo con más
aire comercial y baladas emotivas.
Para un no iniciado, oír
el disco del tirón acaba
por “quemar” un
poco pero sería injusto
no destacar las accesibles “Sillyworld”
o “Through glass”,
singles para el gran público
pero notables composiciones,
la excelente “Socio”
ejemplo perfecto de modern rock
o la postrer “Zzyzx Rd.”,
un lento que bien podría
rememorar a las “hair
bands” de la segunda mitad
de los ochenta cuando intentaron
“alternativizarse”
sin perder su esencia.
Con relación
a los temas extras de esta edición
especial, habría que
comenzar diciendo que entiendo
que no entraran en el disco
a pesar de que alguno está
muy bien pero son más,
digamos, convencionales. “Suffer”
posee un riff recurrente, es
cañera y mola. La que
más me gusta es “Fruitcake”
donde el amor por Soundgarden
que tienen Stone Sour se presenta
en toda su extensión
y queda coronada por un muy
buen estribillo. Las percusiones
dominan “The day I let
go” pero me parece una
canción insulsa y aburrida.
“Freeze dry seal”
es un relleno total que sólo
gustará a los irredentos
de la banda de Des Moines. Por
último, la revisión
del “Wicked game”
de Chris Isaac (¡otros
más, nooooo!), únicamente
con acústicas y voz no
está mal, obviamente
supera a la de H.I.M., pero
palidece ante la original. Quedaría
“The frozen” pero
aquí no hay música,
es una charla de tres minutos
completamente intrascendente.
Quizá
el gran aliciente sea el DVD
que se acompaña. Es un
concierto completo en el Pabellón
Luzhniki de Moscú nada
más sacar “Come
what(ever) may”. Como
ya he comprobado cuando he visto
a Slipknot, Stone Sour es una
formación muy intensa
en directo, en constante movimiento,
muy estadounidenses. La actuación
dura menos de una hora en la
que interpretan doce temas distribuidos
por igual entre sus dos obras.
El sonido y la calidad de grabación
son notables, si acaso el bajo
está pelín alto,
y el público muy participativo.
Solo espero que aquí
hicieran de teloneros de alguien
porque cincuenta y ocho minutos
me parecen una broma para alguien
que ha pagado una entrada y,
lógicamente, se echan
de menos cortes como “Sillyworld”
o “Socio”. Asimismo,
se adjuntan tres clips correspondientes
a “What(ever) may”:
“30/30 – 150”
bastante típico, “Through
glass” destinado al consumidor
MTV y con el curioso cameo de
C.C. DeVille, guitarrista de
Poison, y “Sillyworld”,
más artístico
aunque un poco rallante.
Como veis,
bastante tela que cortar en
esta edición especial
de un disco que ha arrasado,
sobre todo en Estados Unidos.
Sé que es un fastidio
tener ya tu cd desde hace tiempo
y que te saquen esto. Hombre,
comparado con otros productos
similares, éste es bastante
completo y merece la pena. Ahora
bien, tú decides si es
mejor invertir el dinero en
algo así o en otra banda
que publique un nuevo álbum.
En cualquier caso, reconozco
que si tengo la oportunidad
no creo que les “niegue”
por tercera vez porque Come
What(Ever) May ” me ha
sorprendido gratamente.
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