Principal / Planeta Sonoro / Reportajes / Symphony X
“PARAÍSO PERDIDO, BRILLANTEZ RECOBRADA”

Cinco años de espera en el negocio de la música no es algo excesivo hoy en día. No estamos en los ochenta en que casi caía disco por año (salvo Def Leppard y su “Hysteria”) pero es verdad que crea cierta sensación de desasosiego y orfandad en los fans ávidos de que sus bandas favoritas les ofrezcan algo que llevarse al oído. Symphony X sufrieron una parada técnica en el año 2004, tras la edición de “The Odyssey” en 2002 y las posteriores giras. En este tiempo no se han quedado quietos, en especial Russell Allen que ha participado en multitud de proyectos, destacando sus dos álbumes de duetos con Jorn Lande, pero no es lo mismo.

Las ganas que había de composiciones propiamente Symphony X, es decir Romeo, Pinella, LePond, Rullo y el propio Russell, eran directamente proporcionales al temor de no responder a las expectativas. A mí “The odyssey” me parece un álbum notable pero no tan inspirado como “V” o su obra maestra “The divine wings of tragedy”. Por ello, albergaba alguna duda que rápidamente, en una primera escucha, queda solventada. “Paradise Lost” es uno de los mejores trabajos de 2007. Tan sencillo pero tan rotundo como este breve comentario.

Ya la temática era muy interesante. “El paraíso perdido”, el libro más conocido de John Milton, es una epopeya tan difícil de digerir como fascinante si logras adentrarte en su duro estilo literario. Que recuerde solamente Elend, esa formación austro francesa que no utilizaba instrumentos modernos ni eléctricos, únicamente clásicos, se encargó de tratar este tema en sus dos primeros y maravillosos álbumes. Ahora son los de Nueva Jersey, en un tono distinto, el metal progresivo, quienes se adentran en el mundo de El Ángel Caído. Los tratamientos son opuestos y, si bien considero que en esta materia la música de Elend es más adecuada, Symphony X han logrado facturar un producto redondo, lleno de matices y pasajes brillantes.

“Oculus ex inferni” anticipa que estamos ante algo grande. Es una introducción majestuosa, muy de banda sonora de película épica, intensa y melodramática. Cumple todas las características de intro a lo Michael Romeo pero, incluso, va un paso más allá. Metidos en escena surge “Set the world on fire”, un tema increíble, en la línea de “Inferno”, en donde se ve quiénes van a ser los grandes protagonistas de “Paradise lost”: Los riffs de guitarra y Russell Allen.

En “The odyssey” se produjo un claro endurecimiento del sonido característico del grupo. En esta nueva entrega se ahonda aún más en este apartado pero se hace de otro modo. Creo que “The odyssey” pecaba de ser demasiado crudo. “Paradise lost” es muy trallero pero limpio y nítido. Por otro lado, está la voz. Sin exagerar, aunque no es mi disco preferido de Symphony X, es el mejor trabajo que jamás haya gradado Allen, con esta banda o en cualquiera de sus proyectos. La versatilidad que demuestra es espeluznante, llegando en canciones como la propia “Set the world on fire” o “Seven” a registros cercanos al thrash.

“Domination” sí posee un aroma más cercano a la tradición del grupo aunque el riff cortado delata el cariz del disco. Russell vuelva a hacer una interpretación hiperagresiva. No es de las que más se te quedan en la cabeza pero no baja del notable. Con “Serpent´s kiss” llegamos a uno de los momentos más alucinantes del álbum. Corte moderno y, en buena parte, innovador, con un riff poderoso, pesado y muy marcado, casi más propio de gente como Nevermore. “Serpent´s kiss” transcurre a tres o cuatro bandas debido a sus distintos cambios de ritmo. Impresionante.

Claro que todo se oscurece ante el tema título. Siguiendo la estela de “The accolade I y II” o “Communion and the oracle”, “Paradise lost” es una maravillosa balada y con un estribillo que no puedes dejar de cantar en meses. ¡Os lo aseguro! Entre mis favoritas de todas la historia de los americanos. Por el contrario, “Eve of seduction” sufre un poco por su posición después de tamaña genialidad. No obstante, la doble línea inicial Romeo – Pinella ya hace que merezca la pena su inclusión. Si bien no han estado tapados hasta aquí, hemos de esperar a “The walls of Babylon” para alucinar con la base rítmica. Unos coros de teclados en el fondo acompañan la exhibición de Jason Rullo en el comienzo del tema. Allen tarda en arrancar pero cuando lo hace, arrasa con todo. Para culminar este magnífico corte (para ser inmenso le falla un poco el estribillo), dueto de solos entre guitarra y teclado.

Normalmente Michael Romeo siempre saca a relucir en alguna canción su pasión por la música clásica y la fusión con Yngwie Malmsteen. En “Paradise lost”, la composición elegida es “Seven”. Directa y rotunda, es otra de mis preferidas y, para colmo, Allen lo borda y LePond se marca un interludio central impresionante. Estamos cerca del final y la melancolía regresa al disco en “The sacrifice”. Es una balada que, en principio, no debería ser un tema especial pero para mí sí lo es porque me recuerda a Lillian Axe en ese estribillo completamente emotivo. Quizá para el oyente no sea de las más brillantes pero me encanta.

El único punto en el que me decanto por “The odyssey” sobre “Paradise lost” es en el tema de cierre, no porque “Revelation” sea pobre, todo lo contrario, es sobresaliente, sino porque la canción que daba título a su ya penúltima obra es una suite memorable de veinticuatro minutos. En “Revelation” nos quedamos en nueve, que tampoco está mal. Y no sé por qué me vuelve a perseguir en la forma de entonar de Russell Allen el “fantasma” de Ron Taylor de Lillian Axe. La composición en sí da todo lo que se puede esperar de un corte que se subtitula “Divas pennae ex tragoedia” (¿os suena? “The divine wings of tragedy”) y sirve para ratificar de nuevo que “Paradise lost” es un disco que quedará para los anales en la trayectoria de Symphony X.

La única lástima es que vienen a Madrid de teloneros de Dream Theather pero ojalá se decidan por emprender una gira de cabezas de cartel. De los grupos que he visto en mi vida (y van unos cuantos) con los que no he tenido suerte, Symphony X quizá estén en el top de aquellos que me ofrecieron mucho menos de lo que esperaba. Por supuesto, esto es debido a una mala noche porque he oído opiniones totalmente favorables a su directo. Por eso, espero que la noche del 3 de noviembre sea solo un aperitivo para lo que venga después. Mientras esperamos, a pinchar repetidas veces esta joya.