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“Satanistars” (Peer Music 75 / El Diablo)

Empecemos con una de topicazos: o los amas o los odias. El debut discográfico de este grupo madrileño, al menos por lo que a la respuesta de los aficionados a la música que más se fijan en el metal, se refiere, así lo está demostrando por el momento. De una parte un apoyo sin concesiones, y por otra un desprecio cercano a la putrefacción que el mismo conjunto pretende transmitir con estos once temas.

La razón es su imagen y la pose que conlleva. Sin embargo, el juicio al cual nosotros debemos someterles es el musical, si bien hay espacio para todo en esta revista. Por eso en este, más que en otros discos, debemos alejarnos de libretos, fotografías y demás. Aunque es complicado, no lo niego. Tras ese ejercicio de abstracción hay veredicto.

Pocos, muy pocos, y puede que exagere, grupos nacionales han conseguido o conseguirán un debut similar. Los casi cuarenta minutos de duración son adrenalina hecha música, violencia sonora sin tapujos. Un caos ordenado donde los cambios de ritmo son frecuentes sin hacer descarrilar los temas ni perder el rumbo. Apuesta descarada por la inmediatez y la asimilación directa, dado que una gran parte de ellos no llegan a los tres minutos de duración.

Del mismo modo, quedarnos sólo en la idea de metal sería acotar demasiado los territorios por donde deambulan. Sin ser un entendido en ello (ni en nada), creo atisbar muestras de metal extremo, death metal sobre todo, también algo de hardcore, en este disco.

Para reforzar ese sonido y referencias, quienes les han ayudado han supuesto un seguro de vida a la hora de conseguir la amenaza sónica fecundada: Big Simon (Sôber, Not For Us, Saratoga) a los controles en los estudios Peer Music. No puedo dejar pasar la ocasión de señalarle como productor, puesto que los trabajos que ha realizado hasta la fecha con esa faceta, aún no siendo muchos, alcanzan la cuota de sobresaliente, mostrando, además, versatilidad ya que ha trabajado no sólo con este disco sino, por ejemplo, con el último álbum de Saratoga “El clan de la lucha”.

Los siguientes procesos, mezcla y masterización, han tenido lugar en el norte de Europa, con unos padrinos de excepción: Fredrik Nordström (Dimmu Borgir, In Flames, Arch Enemy, At The Gates, ...) en Studio Fredman (Goteborg, Suecia), y de Mika Jussila (Nightwish, Children Of Bodom, Therion...) en Finnvox (Helsinki, Finlandia).

De todas formas, se pueden encontrar segundos “reposados” en “Vuela tu cabeza” y “Damage is done”. Hay espacio para respirar, sobre todo para Curtonates, omnipresente e incansable dejándose caer por ubicaciones de todo tipo, en su mayoría salvajes, pero también reposadas y pautas medias si hablamos de su voz. Así, la mayoría de las letras son también suyas, siendo este el aspecto donde considero que, en unos pocos cortes (“Derrotistars Nu Mierda”, “Himno de guarro” y “Traidor, Hijo Puta”), comprendo, en parte, a sus detractores ya que en algunos momentos en vez de hirientes o pueriles resultan más bien graciosas. Lo que no supone que niegue su musicalidad y cómo al ser cantadas se adaptan bien a la situación del tema.

“Traidor, Hijo Puta”, “Padre sin fe” y “Choque 2004” han sido transformados y reeditados para la ocasión. Estas canciones que aparecieron, también, en su demo han experimentado, de la misma forma, un cambio de denominación al ser antes: “Traidor” y “Choque”. En las colaboraciones destacan Lou Garx y Juan de S.A, aportando originales matices de voces, también, por su contundencia, la guitarra de Luis Tárraga (Hamlet) en “Padre sin Fé” y la batería de Hilda Lerme en “PsycoSurfer”.

Al principio dijimos que hay espacio para todo en esta revista, pues bien, hay un apartado del que no hemos hablado y vamos a hacerlo: su imagen.

Este quinteto ha sido original en el sentido de su fuerte apuesta por potenciar la imagen del grupo, hecho que no suele ocurrir en España. La originalidad se pierde si expandimos horizontes y nos situamos en una órbita internacional, el rollo de la sangre, la violencia y demás no lo han descubierto ellos y que cuando no estén tocando o hablando del disco o cualquier cosa relacionada con la formación serán personas normales. De acuerdo. Añadamos que han trabajado mucho más este recurso desde la edición del disco y ahora disponen de más medios y vestimentas personalizadas.

Ahora bien, si se busca crucificarles por eso entonces antes deberíamos coger a todos los grupos que, desde Black Sabbath que fueron los primeros en utilizar el recurso de la imagen de este tipo o similar, lo han hecho y daría la casualidad de que en el camino perderíamos a un buen puñado de grupos de calidad reconocida. Podría incluir también que si en vez de ser de Madrid fueran de una región perdida del Bronx o de la América profunda este detalle no sería criticado, sino incluso admirado, en una muestra más del “racismo musical” imperante por estos lares.

Puede gustar o no, se puede o no estar de acuerdo con su apuesta, pero lo primero que debe tener un grupo son canciones. Y “Satanistars”, más allá del título y toda la parafernalia, las tiene.