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Empecemos
con una de topicazos: o los
amas o los odias. El debut discográfico
de este grupo madrileño,
al menos por lo que a la respuesta
de los aficionados a la música
que más se fijan en el
metal, se refiere, así
lo está demostrando por
el momento. De una parte un
apoyo sin concesiones, y por
otra un desprecio cercano a
la putrefacción que el
mismo conjunto pretende transmitir
con estos once temas.
La razón
es su imagen y la pose que conlleva.
Sin embargo, el juicio al cual
nosotros debemos someterles
es el musical, si bien hay espacio
para todo en esta revista. Por
eso en este, más que
en otros discos, debemos alejarnos
de libretos, fotografías
y demás. Aunque es complicado,
no lo niego. Tras ese ejercicio
de abstracción hay veredicto.
Pocos, muy
pocos, y puede que exagere,
grupos nacionales han conseguido
o conseguirán un debut
similar. Los casi cuarenta minutos
de duración son adrenalina
hecha música, violencia
sonora sin tapujos. Un caos
ordenado donde los cambios de
ritmo son frecuentes sin hacer
descarrilar los temas ni perder
el rumbo. Apuesta descarada
por la inmediatez y la asimilación
directa, dado que una gran parte
de ellos no llegan a los tres
minutos de duración.
Del mismo modo,
quedarnos sólo en la
idea de metal sería acotar
demasiado los territorios por
donde deambulan. Sin ser un
entendido en ello (ni en nada),
creo atisbar muestras de metal
extremo, death metal sobre todo,
también algo de hardcore,
en este disco.
Para reforzar
ese sonido y referencias, quienes
les han ayudado han supuesto
un seguro de vida a la hora
de conseguir la amenaza sónica
fecundada: Big Simon (Sôber,
Not For Us, Saratoga) a los
controles en los estudios Peer
Music. No puedo dejar pasar
la ocasión de señalarle
como productor, puesto que los
trabajos que ha realizado hasta
la fecha con esa faceta, aún
no siendo muchos, alcanzan la
cuota de sobresaliente, mostrando,
además, versatilidad
ya que ha trabajado no sólo
con este disco sino, por ejemplo,
con el último álbum
de Saratoga “El clan de
la lucha”.
Los siguientes
procesos, mezcla y masterización,
han tenido lugar en el norte
de Europa, con unos padrinos
de excepción: Fredrik
Nordström (Dimmu Borgir,
In Flames, Arch Enemy, At The
Gates, ...) en Studio Fredman
(Goteborg, Suecia), y de Mika
Jussila (Nightwish, Children
Of Bodom, Therion...) en Finnvox
(Helsinki, Finlandia).
De todas formas,
se pueden encontrar segundos
“reposados” en “Vuela
tu cabeza” y “Damage
is done”. Hay espacio
para respirar, sobre todo para
Curtonates, omnipresente e incansable
dejándose caer por ubicaciones
de todo tipo, en su mayoría
salvajes, pero también
reposadas y pautas medias si
hablamos de su voz. Así,
la mayoría de las letras
son también suyas, siendo
este el aspecto donde considero
que, en unos pocos cortes (“Derrotistars
Nu Mierda”, “Himno
de guarro” y “Traidor,
Hijo Puta”), comprendo,
en parte, a sus detractores
ya que en algunos momentos en
vez de hirientes o pueriles
resultan más bien graciosas.
Lo que no supone que niegue
su musicalidad y cómo
al ser cantadas se adaptan bien
a la situación del tema.
“Traidor,
Hijo Puta”, “Padre
sin fe” y “Choque
2004” han sido transformados
y reeditados para la ocasión.
Estas canciones que aparecieron,
también, en su demo han
experimentado, de la misma forma,
un cambio de denominación
al ser antes: “Traidor”
y “Choque”. En las
colaboraciones destacan Lou
Garx y Juan de S.A, aportando
originales matices de voces,
también, por su contundencia,
la guitarra de Luis Tárraga
(Hamlet) en “Padre sin
Fé” y la batería
de Hilda Lerme en “PsycoSurfer”.
Al principio
dijimos que hay espacio para
todo en esta revista, pues bien,
hay un apartado del que no hemos
hablado y vamos a hacerlo: su
imagen.
Este quinteto
ha sido original en el sentido
de su fuerte apuesta por potenciar
la imagen del grupo, hecho que
no suele ocurrir en España.
La originalidad se pierde si
expandimos horizontes y nos
situamos en una órbita
internacional, el rollo de la
sangre, la violencia y demás
no lo han descubierto ellos
y que cuando no estén
tocando o hablando del disco
o cualquier cosa relacionada
con la formación serán
personas normales. De acuerdo.
Añadamos que han trabajado
mucho más este recurso
desde la edición del
disco y ahora disponen de más
medios y vestimentas personalizadas.
Ahora bien,
si se busca crucificarles por
eso entonces antes deberíamos
coger a todos los grupos que,
desde Black Sabbath que fueron
los primeros en utilizar el
recurso de la imagen de este
tipo o similar, lo han hecho
y daría la casualidad
de que en el camino perderíamos
a un buen puñado de grupos
de calidad reconocida. Podría
incluir también que si
en vez de ser de Madrid fueran
de una región perdida
del Bronx o de la América
profunda este detalle no sería
criticado, sino incluso admirado,
en una muestra más del
“racismo musical”
imperante por estos lares.
Puede gustar
o no, se puede o no estar de
acuerdo con su apuesta, pero
lo primero que debe tener un
grupo son canciones. Y “Satanistars”,
más allá del título
y toda la parafernalia, las
tiene.
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