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La veneración
que siento por Udo Dirkschneider
está fuera de cualquier
duda para aquellos que me conocen.
Considero que Accept son la
mejor banda europea de la historia
del heavy metal (seguidos de
cerca por Running Wild) y el
vocalista fue pieza fundamental
de la misma. Asimismo, la primera
parte de su carrera en solitario
también me atrae y discos
como “Animal house”
o “Timebomb” me
parece que no pierden la esencia
del metal alemán. Como
creo que segundas partes nunca
fueron buenas, el retorno discográfico
de su antigua banda no fue del
todo afortunado y si bien “Objection
overruled” merece la pena,
no puedo decir lo mismo de los
flojísimos “Death
row” y “Predator”
que finiquitaron de mala manera
una trayectoria inmaculada.
Aunque algo mejor, la vuelta
a su proyecto tampoco llega
a los niveles previos y “Solid”,
“No limits” y “Holy”
se quedan en, simplemente, decentes.
No obstante,
el rubio cantante sigue siendo
capaz de ofrecer grandes actuaciones
aunque resulta curioso o sintomático
cómo, por ejemplo, en
la gira de “Faceless world”,
su tercera obra, no tocaba más
de cuatro o cinco o cinco canciones
de Accept mientras que actualmente
la mitad de su repertorio honra
glorias pasadas.
Me gustó
la experiencia de “Live
from Russia”. Éste
era un doble directo en el que,
además de cinco composiciones
de “Holy”, Udo hacía
un repaso de sus trabajos (con
tres canciones de “Animal
house” como debe ser)
e interpretaba increíbles
temas de Accept que no suelen
tener cabida en sus shows. Es
una gozada oír de nuevo
“Winter dreams”,
“T.W. War” o “Monster
man”. Por el contrario,
“Nailed to the metal”
se nos vende como el complemento
de “Live from Russia”.
Se supone que los fans lo que
quieren es escuchar “Princess
of the dawn”, “Restless
and wild”, “Fast
as a shark” o “Balls
to the walls”, entre otras.
El problema es que “los
fans” ya tenemos fundido
el “Staying a life”
(por no hablar de “All
areas”) de Accept donde
todas se incluían cosa
que no ocurría con muchos
de los temas de la otra entrega
en vivo. No obstante, me choca
un montón el repertorio
escogido para este “Nailed
to the metal”.
¿Por
qué empiezan exactamente
igual que en “Live from
Russia” con dos temas
de “Holy”, el que
da título y “Raiders
of beyond”?. Lo desconozco.
Tampoco obtengo respuesta al
hecho de que sean los correctos,
sin más, “Thunder
on the tower” y “Hard
attack” las “canciones
deseadas” de Udo y no
“Warrior”, “Black
widow”, “Blitz of
lightning”, “Timebomb”...
Con todo, lo más gracioso
es que tocan “X-T-C”.
Está sí que es
una “canción perdida”
porque se trata, ni más
ni menos, del tema que abría
“Eat the heat”,
el disco que grabaron Accept
con el vocalista David Reece
y que de haberlo hecho con otro
nombre sería un buen
álbum pero que al utilizar
el mítico “monicker”
y todo lo que significa se convierte
en una patraña. ¿Os
imagináis a Dickinson
en una gira en solitario tocando
“The clansman”?
¿O al ahora retornado
Halford interpretando en sus
conciertos “Jugulator”?.
Y no me vale el hecho de que
el guitarrista de Udo, Stefan
Kaufmann fuera el baterista
de Accept. Aún así,
resulta curiosísimo.
En definitiva,
supongo que el objetivo de este
álbum es abrir fuego
para el inminente DVD. Eso ya
es harina de otro costal porque
parece ser que tendremos una
edición completísima
con cuatro horas de material
y un buen repaso a la carrera
de este gran hombre que, últimamente,
quiere batir el record mundial
de poca permanencia en discográficas
porque son cuatro de cuatro
en sus postreras entregas. Si
eres muy fan, píllate
“Nailed to the metal”;
si te gusta el heavy, espera
al DVD que seguro merecerá
la pena.
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