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La conjunción
música, letras, actitud,
producción e imagen es
la fórmula perfecta para
un disco. Esto no sucede muchas
veces en grandes dosis pero
cuando pasa nos topamos ante
una obra maestra atemporal,
de ésas que ocurren una
cada cuatro, cinco o seis años.
En España, esto es todavía
más complicado. Si hablamos
de un género como el
hard rock se convierte en misión
imposible. No obstante, desde
hace unos cuantos ejercicios
hemos venido observando un cambio
importante en el panorama patrio
en este estilo. Ya hemos hablado
de muchísimas formaciones
que tienen el inglés
como idioma universal pero también
dijimos que eran los valencianos
Uzzhuaïa quienes, en nuestro
criterio, están a la
cabeza de esta novel generación,
y eso que cantan en la lengua
de Cervantes.
Después
de su titubeante inicio con
el confuso “3000 grados”,
el paso adelante y la definición
de lo que querían ser
llegó con el cambio de
vocalista. La entrada de Pablo
Monteagudo y un disco como “Diablo
Blvd.” supusieron el empujón
definitivo para el quinteto.
Me encantó ese trabajo
y lo sigo teniendo muy presente.
Canciones como “Viaje
sin fin”, “Lejos
de mi ciudad” o “El
efecto diablo” forman
parte de esa peculiar banda
sonora nacional del siglo XXI
que haría si tuviera
que grabar un recopilatorio.
En directo, también demostraron
que eran una banda a tener en
cuenta.
Más
de tres años pasaron
hasta la aparición de
una tercera entrega. Por el
camino diferentes avatares,
no todos positivos (recuerdo
el robo de su equipo en el propio
local de ensayo). Esto ha quedado
atrás y es hora de analizar
el resultado de esta nueva producción.
Honestamente, creo que era un
disco muy importante para los
levantinos. Había que
confirmar si “Diablo Blvd.”
era casualidad o nos encontrábamos
ante la consolidación
de la gran banda que intuimos
que eran. Han decidido llamar
al disco simplemente “Uzzhuaïa”,
quizá en una apuesta
por reflejar esos problemas
acaecidos en los últimos
tiempos y mostrar cómo
han salido a flote.
Retomando la
frase inicial pero empezando
desde el final, esta gente cuida
muchísimo su imagen y
el producto que ofrece. A nivel
visual, tanto las fotografías
como el libreto están
muy currados. No obstante, he
de decir que me gusta mucho
más para una banda como
ellos la portada del single
“No intentes volver atrás”
que la del álbum. Sin
ser mala ésta, me quedo
con la foto a ras de suelo de
una carretera que parece no
concluir en lontananza.
La producción
de “Uzzhuaïa”
es francamente buena, quizá
es en lo que más han
progresado con relación
a “Diablo Blvd.”.
Mucho más rica y variada,
ya no es sólo un “guitarras
con la voz por encima”
sino que con cada escucha somos
capaces de distinguir arreglos
sutiles y que hacen que las
canciones despunten. Sobre la
actitud no comentaré
nada porque eso ya lo hemos
hecho cuando hablamos de sus
directos en otras ocasiones.
Queda lo fundamental,
la música, las composiciones.
Todo lo mencionado hasta aquí
son condimentos, necesarios
para un gran plato pero condimentos.
Sin el ingrediente principal
de poco valdrían. La
primera vez que oí el
disco me gustó pero mentiría
si dijera que me impactó.
Probablemente estuviera pensando
en una segunda parte de su predecesor
y creo que es un álbum
que aun siguiendo la misma línea,
es muy diferente. Las canciones
están bastante mejor
estructuradas, son temas más
complicados y, como antes mencionaba,
con más arreglos. Desde
la inicial “Enero”
uno ya adivina que los Uzzhuaïa
de 2006 – 2007 son más
personales. Se han despojado
de bastantes influencias o,
al menos, éstas no son
tan evidentes como antes. Quizá
la más constante y recurrente
sean The Cult, como en la propia
“No intentes volver atrás”
cuyas primeras notas (eso sí,
solos ésas) son un guiño
a “Sun king”.
Uno de los
aciertos más significativos
de los levantinos es que en
casi todas las canciones por
detrás de las líneas
roqueras de guitarra aparece
un sonido limpio o de acústica
que me encanta. Alex e Israel
forman un buen dúo a
las seis cuerdas, no toman más
protagonismo del que demandan
los temas. Así, si en
“Perdido en el huracán”
o “Una vez más”
hay que optar por el riff potente,
ellos están ahí
pero siempre en pro del conjunto.
También la sección
rítmica contribuye a
que la tónica general
del álbum en el plano
instrumental sea superior a
“Diablo Blvd.”.
Hay que señalar,
asimismo, las versiones que
encontramos, una en el disco
y otra en el single, bastante
contrapuestas por cierto. Nunca
hubiera pensado que hicieran
una revisión de un corte
de Héroes del Silencio,
y menos que fuera “La
chispa adecuada”. La verdad
es que no lo hacen nada mal
pero me hubiera arriesgado con
algo no tan famoso. Otra cosa
es “Don´t let the
daddy kiss me” que sale
en el single. Esta canción,
perteneciente al “Bastards”
de Motorhead, es probablemente
la balada más balada
(se entiende, ¿no?) de
Lemmy y los suyos. Sorprendente
y fantástica la adaptación
de Uzzhuaïa, me han dejado
de piedra.
Dejó
para el final mis preferidas,
es decir, el plano subjetivo.
“La cuenta atrás”
es de las más cañeras
y potentes con un Pablo rasgando
las cuerdas vocales en las estrofas
y alargando las notas en un
estribillo para cantar en directo.
Con “No iré sin
ti” el espíritu
de Los Angeles del que alguna
vez nos hablaron en la entrevista
que les hicimos está
completamente presente. Para
mí, es un tema sleazy
100%. No obstante, si sólo
me pudiera quedar con una canción,
ésa sería la balada
“La otra mitad”.
El feeling de esa composición
es memorable, desde el comienzo
con el piano hasta el solo de
guitarra, todo es emotivo y
melancólico.
Para mí,
ésta es una obra que
no tiene la inmediatez propia
del género pero que es
como la droga. Cuanto más
te entra en vena, más
dependencia crea. Con una segunda
mitad apoteósica, “Uzzhuaïa”
ya pueden presumir de haber
completado un álbum sobresaliente.
Aún no han creado esa
obra atemporal que quede para
siempre en los anales del rock
español pero están
acercándose, ya han puesto
los cimientos, sólo falta
que se den los condicionantes
perfectos. Esto puede pasar
o no, seguramente no ocurra
nunca pero utilizando expresión
castiza “que les quiten
lo bailao”. A ver cuántos
grupos pueden presumir de haber
editado dos trabajos como los
suyos y convertirse en una realidad
en la escena nacional. Muy poquitos
porque con su talento no se
encuentran cada día.
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