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Son suizos,
se llaman Voodocake y acaban
de publicar su primera referencia
en España. Es un álbum
que lleva por título
“Fetishit”, de apenas
cuarenta minutos de duración,
el afortunado signo de los tiempos
que corren. Es una colección
de canciones diseñada
para hallar la receta que cuadre
el círculo, para tratar
de bailar sin perder intensidad
guitarrera por el camino. Para
ello apuestan por bajos gomosos
que transportan temas de pop
rock genéricos a cotas
más o menos bailables.
Pero todo parece partir de un
riff, un riff roquero y potente,
sobre el que se construyen puentes
ligeros que nos recuerdan que
en los 50, la música
de baile era eso que cantaban
aquellos palurdos blancos como
Elvis, Carl Perkins o Jerry
Lee Lewis.
En “Après
ski”, un instrumental
pluscuamperfecto, se puede ver
cómo encajan todas las
piezas. La melodía de
guitarra bebe de la sicodelia,
algo que en otros rincones de
“Fetishit” también
ocurre. Sin embargo, ese toque
distintivo le da un mayor vuelo
a “Après ski”
y ayuda a que la ecuación
rock más baile arroje
un resultado coherente. El otro
momento en que la fórmula
alcanza un nivel óptimo
de refinamiento es “Domina”,
que se vence más a la
estructura de canción,
aunque manteniendo muy cerca
del primer plano la vocación
bailable, que se puede apreciar
en el diálogo entre guitarra
y órgano del final. Sólo
en algún que otro tema,
(“Banana boy”, “Mollymock”,
quizá “Smile”),
Voodocake cocinan algún
medio tiempo, virando su rumbo
hacia el pop, un pop cosmopolita
y sustancioso, alejado tanto
de la radiofórmula comercial
como de la impostura de la falsa
nostalgia.
Como siempre,
el punto de excelencia lo dan
las canciones solitarias, ésas
que no encuentran un acomodo
claro en el estilo predominante
del disco. En ese apartado “Fetishit”
aporta “Breathalyse me”,
que ingresa en el territorio
de la música negra y
con un falsete infernal de propina.
“Hypnosis” también
traspasa la línea porque
propone una atmósfera
etérea, por momentos
sicodélica, pero esta
vez en un ritmo menor que en
otras canciones. Es también
el tema cuya estructura compositiva
es más compleja, el más
largo y retorcido. La canción
planea por distintos ambientes
en un crescendo que en lugar
de resolverse con una explosión
de guitarras, acaba con una
reprise ruidista, sustentada
en acoples más propios
de My Bloody Valentine que de
Voodocake.
Sin duda, “Fetishit”
ofrece al oyente una gran variedad
de elementos positivos. Hacer
viable una mezcla de guitarras
y baile no es nada nuevo, pero
sí es una ambición
saludable, casi diríamos
higiénica. La manera
de encarar este desafío
va en una buena dirección,
porque no busca coartadas en
la electrónica o en géneros
más o menos ajenos al
rock. Pero en algún lugar,
el grupo suizo desperdicia algo,
no termina de dar todo lo que
promete. Quizá sea una
producción demasiado
uniforme, que resta componentes
diferenciadores a las canciones.
O un sonido demasiado comprimido,
sin la cualidad necesaria para
hacernos obligatorio el calzar
nuestros zapatos de baile. En
cualquier caso, es un disco
que invita a no perder de vista
a Voodocake. No sólo
a sus siguientes trabajos sino,
sobre todo, a sus prestaciones
en directo. Como acabamos de
decir, da toda la sensación
de que el único defecto
de “Fetishit” ha
sido su ingeniero de sonido.
Y después de todo, los
pecados que hayan podido cometer,
tanto el grupo como el ingeniero,
son leves. Que los árboles
nos dejen ver el bosque.
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