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Conocí a Ramiro
Calle a través
de un programa de televisión
sobre libros, cuyo presentador
está estrechamente
vinculado con la cultura
oriental. Me suscita curiosidad
ese halo de misticismo
y de paz interior de gente
como él, sobre
todo cuando esas impresiones
están basadas en
la experiencia y en esos
viajes a la India que
tanto parecen cambiar
a quién los lleva
a cabo. Ramiro Calle es
un escritor prolífico
(supera con creces el
centenar de libros), especializado
en temas de filosofía
oriental y en su vertiente
más práctica
como el yoga, la relajación
o la meditación
trascendental. Sus libros,
sin embargo, están
destinados a un público
occidental y son una herramienta
más para difundir
este modo de vida.
No conozco
su novela El Faquir en
la que se ha inspirado
Chema Vilchez para componer
este disco de clara vocación
evocadora y yo diría
que transportadora. Dice
que es la banda sonora
del libro, que según
avanzaba en sus páginas
oía ritmos, sentía
las notas en los pensamientos
de los protagonistas y
que al fin se decidió
a plasmarlo en un disco.
Una experiencia curiosa,
que sin embargo se puede
disfrutar independientemente
de la novela que la inspiró,
si se encuentra el momento
oportuno.
En lo
musical es un disco eminentemente
de raíces folklóricas
hindúes, en el
que se distinguen instrumentos
autóctonos, pero
en el que priman las virtuosas
guitarras de Vilchez (sorprendentes
los riffs de Aham Brahmasmi),
las percusiones y la utilización
de programaciones electrónicas.
Esta
es la segunda colaboración
entre el músico
y el escritor (antes se
editó “Música
para la Relajación
y el Sosiego). Un disco
armónico, con unos
arreglos perfectos e influencias
variadas (hay mucho jazz,
eso que se llama World
Music, rock y blues),
todo envuelto en esa atmósfera
propia, mística
y relajante. Con predisposición
puede ser una delicia.
Sin ella, un buen trabajo
musical y creativo.
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