| Fito
propone un rock sin complicaciones,
al uso, como vehículo
de sus letras, siempre
pretenciosas y algunas
veces efectivas. Buenas
bases de percusión
y bajo, guitarras melódicas,
sempiternos coros, todo
al servicio de la cadencia
de Fito que es la que
dota de personalidad a
las composiciones, con
esa voz melancólica
que parece va a penetrar
para siempre en el público,
para grabar a fuego y
sangre frases, emblemas,
vivencias... aunque muchas
veces la simplicidad de
sus contenidos acojone
y pase de simple a simplista.
Su eclecticismo
musical dentro de los
parámetros del
rock es más que
notable. Las inquietudes
de Fito se van desgranando
por cada una de las composiciones,
que si no fuera por el
elemento unificador de
su estilo, marcado por
la cadencia de su voz,
parecería un compendio
desastrado de estilos
diferentes, que aún
así, deja al final
una sensación de
hastío ante tal
vaivén musical.
El disco
comienza con lo que es
el primer single, La Casa
Por el Tejado, que destaca
por sus ritmos pausados,
el toque melancólico,
la utilización
del saxo y la colaboración
del gran Lichis, menos
audible que nunca. Luego
una sucesión de
temas variopintos entre
los que destaca el curioso
copieteo de coros a lo
Police, en El Ojo Que
Me Mira, la utilización
de los teclados para arropar
las melodías guitarreras
de inspiración
sureña en Un Buen
Castigo, el rock a lo
Jerry Lee Lewis de Quiero
Ser Una Estrella que puede
parecer una tomadura de
pelo a estas alturas de
la película, sin
renunciar a hacer un instrumental
de ritmos cálidos
y bailongos (Vamonó),
porque oye, de todo tiene
que haber en el disco.
Al final
lo que salva todo este
collage es la mirada clara
y sincera de Fito Cabrales,
que presenta con humildad
lo que es su pasión
por el rock, aunque le
falte definición
y aportaciones propias.
Por último
destacar la buena presentación
del cd, que incluye un
DVD con el concierto en
Donosti de la gira de
“Los Sueños
Locos” y el video
clip de “La Casa
Por el Tejado”.
|