| Tres
años ha tardado
Jaime Urrutia en editar
su segundo disco en solitario.
Dice que las cosas, para
hacerlas bien, hay que
hacerlas con calma. Y
probablemente tenga razón
si analizamos con detalle
este Muchacho Eléctrico.
Jaime
es zorro viejo y desde
su militancia en Gabinete
Galigari supo dar con
un estilo acorde con sus
actitudes vocales y sus
gustos musicales. Un estilo
que puede que suene anclado
en esos 80, pero del que
Jaime puede sentirlo con
todo derecho como propio
y que a mucha gente sigue
atrayendo. No se salió
en exceso de él
en Patente de Corso y
tampoco lo ha hecho en
este segundo trabajo,
pero se ha preocupado
de editar once temas bien
facturados, correctos,
con pequeñas pero
enriquecedoras variaciones
estilísticas y
que podíamos poner
a muchos de ellos en sana
liza para convertirlos
en más que dignos
singles. El gato al agua
se lo ha llevado Maribel,
una historia cachonda
sobre las preferencias
de Urrutia por las chicas
rellenitas. Pero podía
haber sido Clases de rock’and’roll,
una divertida elucubración
sobre una escuela de rock
con homenaje incluido
a muchos los artistas
que admira Urrutia, con
unos teclados francamente
divertidos. Para los nostálgicos
de Gabinete, quizás
el single hubiese sido
Pasimí, Pasimisá.
Para los más exóticos
Dame Más, con esas
influencias brasileñas
que tan bien hace Urrutia.
En el
apartado de las colaboraciones
destacar la presencia
de Bunbury, en un tema
que de coros y excesos
vocales que viene de perlas
a la confluencia de esas
dos voces inconfundibles.
Y también hay que
destacar la interesante
versión que hace
del tema Azurro, una canción
con unos cuantos añitos
que interpretaron, entre
otros, Adriano Celentano
y aquí en España
Luis Aguilé.
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