| Tras
un largo paréntesis
Mathew Sweet vuelve a
sorprender con un esperado
y reconfortante reencuentro
con el sonido que durante
los años 90 abanderó
sin ningún genero
de dudas el pop de guitarras
americano. Durante este
tiempo el prolífico
genio creativo de este
científico del
pop se ha repartido entre
la producción de
bandas como Velvet Crush
ó reuniones con
amigos (The thorns) al
intenso sol del atardecer
campestre. Esta nueva
entrega se nutre con el
poso de estos últimos
años en los que
ha ido grabado en el estudio
de su casa la mayoría
de este trabajo que destila
un estado de animo melancólico,
con unos temas de larga
duración tremendamente
elaborados en los que
la guitarra eléctrica
deja paso a la acústica,
con un peso importante
en las melodías
del órgano y unos
coros que ahondan el los
viejos mitos de la costa
oeste de los 60-70. Como
siempre la producción
es increíble, por
lo que solo se puede saborear
este trabajo después
de haberlo oído
unas cuantas veces y poder
apreciar los innumerables
sonidos que pueden estimular
a la vez la inspiración
de este músico
y en el que se reconoce
a un Matew Sweet en estado
puro, sin interferencias
y haciendo lo que le gusta.
En definitiva
uno de los mejores discos
del año 2004 y
que prolonga la brillante
trayectoria de uno de
los músicos que
ha servido de referencia
a un sinfín de
bandas que habitan en
el territorio pop nacional
e internacional.
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