| Escuchar
discos para luego comentarlos,
pese a que a algunos les
pueda parecer una aberración,
tiene muchos lados positivos.
A parte de prestar más
atención a lo que
cae en tus manos, tienes
la posibilidad de descubrir
grupos asombrosos, que
si no fuera por la revista,
seguramente pasarían
desapercibidos en tu discoteca.
También puede ocurrir
lo contrario, pero como
optimista moderado, prefiero
quedarme con las buenas
experiencias, como es
el caso de Miztura.
Cuando
ya nos querían
terminar de vender la
moto con esa especie de
donosti sound a base de
Oreja de Van Cogh, Álex
Ubago o Mikel Erentxun,
aparecen estos músicos
para romper concepciones
que obviamente poco tienen
que ver con las etiquetas.
La ruptura se aprecia
ya desde la presentación
del disco, bastante vanguardista
aunque sin canciones numeradas,
con lo que no sabes por
donde te andas. Pero lo
mejor esta en el interior.
Muchos de los pasajes
de este Begura, me recuerdan
a aquella antigua serie
de televisión gótica
y sideral, Dentro del
Laberinto, por que es
como si te introdujeras
en una espiral caótica,
sin rumbo, oscura, pero
a la vez emocionante y
que merece la pena experimentar.
En el
primer tema las cuerdas
de las guitarras se funden
entre un tempo parecido
al que utilizaría
Moricone en una BSO de
un western y unas voces
fantasmales, arropadas
por una batería
suave con golpe de platillos
espeluznantes. Y desde
el primer tema aprecias
cual es el juego de Miztura,
la hipnosis, los cambios
de ritmo, el juego instrumental,
la experimentación
con voces y coros.
Begura
es un disco eminentemente
instrumental, a excepción
de breves estrofas y coros,
y el tema Sacrifice. Reina
el rock a medio tiempo,
en el que destacan los
apuntes guitarreros, que
no el riff y los golpes
puntuales y certeros de
percusión. Habrá
quien diga que su música
suena a grupos y personajes
eminentes por su afán
de investigación,
Zeppelin, Trull, o a las
divagaciones musicales
de Jarre, pero más
que mimetismo lo que se
encuentra aquí
es afán creativo.
El disco
se escucha de un tirón,
como si de una extraña
sinfonía se tratara,
pero yo me he quedado
enganchado con el tercer
corte del disco, el más
intimista, tanto que comienza
como un susurro y uno
cae en la tentación
de subir el volumen. Después
te das cuenta de que todo
es una transición
de quince minutos en la
que los tiempos se alteran
de manera irregular, pasando
por estados de lasitud,
psicodelia, sonidos sucios
de guitarras arrastradas,
tramos espirituales...
que conforman un alucinógeno
collage. Así es
Miztura, sin reglas ni
clichés, compuesto
por músicos inconformistas,
comprometidos con la creación
y dispuestos a escapar
de la rigidez musical
imperante.
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