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Enfrentarse a un nuevo
disco de Sr. Chinarro
no era una experiencia
fácil, podía
ser reconfortante, pero
no era fácil. Desde”El
fuego amigo” esa
percepción ha cambiado,
ahora las creaciones de
Sr. Chinarro son más
accesibles, tanto en el
aspecto lírico
como en el meramente musical.
Antonio Luque busca más
la esencia, prefiere decir
mucho con poco. Un ejemplo
es el aparentemente insulso
arreglo de cuerda de “No
dispares”, una de
las canciones incluidas
en “El Mundo según…Sr.
Chinarro”. Quizá
es que Luque ha alcanzado
un estado especial, un
estado que sólo
podemos calificar como
madurez, aunque esa palabra
se queda corta, muy corta.
De tanto usarla, ha perdido
su significado. Mejor
sería escribir
que Sr. Chinarro ha llegado
a la post-madurez, un
momento en el que has
aprendido todo lo necesario
para ser un artista completo
y a los dos niveles: el
intelectual y el emocional.
Los cambios
de formación son
habituales en Sr.Chinarro.
Este último disco
no es una excepción,
dado que está grabado
con un nuevo grupo de
músicos. Se hace
complicado entender si
la mutación de
sonido tiene que ver con
este hecho o bien es al
revés y la elección
de este nuevo grupo tiene
que ver con un planteamiento
previo coherente con este
resultado final. El hecho
que admite menos dudas
es que se han producido
cambios evidentes, el
disco admite una escucha
en segundo plano y las
canciones se suceden sin
grandes sobresaltos porque
todas comparten en la
apariencia una misma dirección
estilística. Los
cortes que se diferencian
claramente, como las protorumbas
de “Del montón”
o “Gitana”,
no llegan a perder la
coherencia con respecto
a sus demás compañeros.
Ahí es donde el
trabajo del productor,
Jordi Gil, es fundamental
y la ayuda de la banda,
providencial. Si examinamos
el disco con más
atención, vemos
que los cambios de sentido,
las curvas, las encrucijadas
pueblan las canciones.
En cuanto
a las letras, se observa
que se entienden mucho
más fácilmente
que en el pasado. Es posible
que ya nos hayamos acostumbrado
al universo de Sr. Chinarro
y que ahora conozcamos
mejor los códigos
para desentrañar
sus significados. Otro
tanto ocurre con el tono
grave de su voz, que ahora
suena muy confiada y,
sobre todo, sin asomo
de simulación.
Una voz que cita a Kafka
y que canturrea letras
infantiles y/o paródicas.
Es interesante
reseñar, por último,
que la generación
indie de los 90, de la
que Sr. Chinarro es uno
de lo referentes, está
produciendo sus mejores
obras en esta primera
década del siglo
XXI. Pero ahora son juzgados
más duramente que
cuando era los “chicos
nuevos”, en la enésima
demostración de
que la historia tiende
a repetirse.
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