Después de
la batalla viene la
venganza. O al menos
eso piensa el dúo
formado por Russell
Allen y Jorn Lande.
Lo que parecía
quedarse en un proyecto
de un solo disco ha
tenido continuidad
en esta segunda parte.
Los ingredientes,
en principio, son
similares. Repiten
los dos vocalista,
además repartiéndose
los temas de forma
similar, tres cada
uno y otros seis conjuntos.
El gran Magnus Karlsson
sigue proporcionándoles
los mimbres, esto
es, las canciones
para que sus cuerdas
vocales luzcan. El
sueco se encarga de
todos los instrumentos
menos la batería,
cortesía de
Jaime Salazar. A los
controles de nuevo
las manos maestras
de Dennis Ward y,
una vez más,
Rodney Matthews ha
dibujado la portada.
¿Qué
queda? Las composiciones.
En ellas, poca novedad
también. ¿Para
qué alterar
un equipo que funciona?
“The revenge”
sigue la línea
de su predecesor aunque
Karlsson ha endurecido
un poco las canciones
con lo que el resultado
final es algo más
variado. Así,
un trallazo como “Victory”
sobresale de otros
más emparentados
con el hard rock.
Curiosamente, o eso
me ha parecido a mi,
los cortes más
metaleros son los
que interpretan a
dúo porque
“Just a dream”
también ofrece
dosis de caña.
El tema título,
por su parte, es un
inicio más
tranquilo pero muy
logrado porque tiene
un montón de
feeling por parte
de los dos vocalistas.
Como os podéis
imaginar, tanto Russell
como Jorn ejecutan
a la perfección
sus partes. Cada uno
tendrá su favorito
(el mío es
Allen) pero ambos
son intachables. Una
prueba de sus facultades
es la balada que cierra
el disco, “When
time doesn´t
heal”, tema
muy emotivo e intenso
donde el americano
y el noruego dan el
120%.
No todo el monte
es orégano
pues si bien considero
que estamos ante un
gran trabajo creo
que le falta un paso
para alcanzar el status
de obra maestra. Probablemente
me falte una canción
gloriosa y atemporal,
espacio que parecía
reservado al himno
“Wake up call”
pero que no alcanza
esos extremos. No
me gustaría
que se me malinterprete,
“The revenge”
es un pedazo de disco,
para mí un
punto superior a “The
battle”. Sin
embargo, esta majestuosa
combinación
de factores podría
haber dado algo más
de sí, esa
pizca que les separa
de lo imperecedero.
Con todo, recomendado
para amates de cualquiera
de los cantantes involucrados
y del hard rock elegante
en general. Eso sí,
esto demuestra que
en arte dos más
dos no son necesariamente
cuatro.