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ANDRE MATOS
“Time To Be Free” (SPV)

Cuando yo creía que la carrera de este hombre no daba para más y estaba poco menos que finiquitada, Andre Matos se saca un as de la manga y se dispone a intentar lanzarse como artista en solitario. El brasileño que nos sorprendiera con Viper, viviera días de vino y rosas en Angra con dos excelentes discos y otro muy inferior, naufragara en Virgo (su proyecto con Sascha Paeth) y pasara desapercibido en Shaman, se entrega en manos del hombre que recondujo la trayectoria de Rob Halford y Bruce Dickinson, además de dar lustre a Rob Rock. Nos referimos, obviamente, a Roy Z cuya sombra es alargada en la producción (compartida con Paeth) y, sobre todo, en la línea de algún tema como “How long (unleashed away)” que a nadie le hubiera extrañado que formara parte del “Garden of chaos” de Rob Rock aunque casi se le va la mano porque la estrofa inicial se acercaría al hardcore melódico.

“Time to be free” comienza con un guiño a todos los seguidores de Matos. La instrumental barroca “Minuet” y “Letting go”, que recuerdan horrores a los Angra de “Angels cry”, son composiciones que atraerán a los que esperen de Andre una línea más “clásica”. Con la buenísima “Rio”, el álbum comienza a tomar verdadero color. Canción que sin ser especialmente original sí que resulta eficaz y novedosa. “Remember why” comienza suave y luego se hace más power metalera, salvo en un gran puente que precede a otro estribillo a lo Angra o Shaman.

Con “Looking back”, Matos nos introduce en una parte más melódica del disco. Quizá sea ésta mi preferida de toda la entrega con sus acústicas y el buen cambio de ritmo. La balada “Face the end” también entraría entre mis favoritas, sobre todo por la forma de cantar las estrofas de Andre, me engancha. El tema título es una pieza de más de ocho minutos, oscura en su inicio de piano, una posterior entrada de guitarras con unos loops que no me gustan nada por detrás, y un estribillo que es lo más típico de un bastante buen corte. Su amor por lo étnico fluye en “Rescue” en una gran estructura a medio tiempo y brillante labor de Fabio Ribeiro a los teclados. También entre las mejores.

Quizá “A new moonlight” sea otra suite excesivamente larga porque está bastante pegada a “Time to be free” y parece que tarda en arrancar. Para concluir un corte más estándar, “Endeavour”, con más guitarras con sonido made in Roy Z en una canción que debería recordarme a Iron Maiden pero que misteriosamente se me parece a “The needle lies” de Queensryche y que culmina más de una hora mucho más interesante de lo que cabría prever. Cuando uno no espera nada de un disco, a veces se lleva gratas sorpresas. “Time to be free” ha sido una de ellas.

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Marco Antonio Romero