Debo tener vagos recuerdos
o mi memoria empieza
a flaquear pero si no
me equivoco la historia
de Beholder les llevó
en sus inicios a participar
en una banda sonora
de una película
porno donde, incluso,
su anterior cantante
hacía un cameo
(creo). Sin embargo,
esos tiempos están
ya lejanos en el grupo
y ahora el cuarteto
está en otra
estadio musical porque
además de esta
anécdota mis
referencias sobre ellos
se encasillaban en una
formación poderosa
de metal moderno heredero
del sonido de la segunda
mitad de los noventa.
Lo que aquí encontramos
en “Espíritu
del fuego” presenta
alguna coordenada similar
pero el conjunto difiere
bastante porque si por
algo se decanta este
tercer disco de Beholder
es por la diversidad.
Una pena que el resultado
final, en mi opinión,
no sea nada satisfactorio.
La clave del cambio
parece que hay que buscarla
en su cantante Ricardo
Diges. Cuando entró
a la banda ya habían
compuesto los temas
de su segunda obra,
“Sol”, por
lo que Ricardo únicamente
pudo aportar textos.
Sin embargo, en “Espíritu
del fuego” la
interacción con
sus compañeros
es mayor y esto supone
la adopción de
un sonido más
pausado en muchos de
los temas y unos registros
que se acercan a lo
que podría hacer
Eddie Vedder en Pearl
Jam.
Personalmente, considero
que Ricardo está
más cómodo
en estas tesituras más
melódicas porque
cuando debe afrontar
cortes tralleros la
voz fracasa estrepitosamente
y, para mí, no
se adecua a las necesidades
de Beholder. El grupo
referente en este tipo
de canciones es Hamlet,
bastante escuchar “Lucharé
hasta el fin”
o “Mi último
intento” para
comprobar el influjo
de los madrileños.
En este trabajo de
contrastes, adivinamos
una última línea
de géneros y
es una especie de stoner
a medio tiempo que tampoco
aporta en exceso a unas
composiciones que no
me atrapan. Dentro de
lo aceptable destacaría
únicamente la
guitarra inicial de
“Desierto”,
la intensidad lenta
en “Mi funeral”,
“Zen” y
su in crescendo, o “Soy
la violencia”
que si no fuera por
la voz, me gustaría
bastante.
Es lo que ocurre en
muchas ocasiones, en
Beholder se dan muchas
circunstancias que me
producen rechazo pero
que no necesariamente
tienen que ser malas:
La mezcla de lentas
y cañeras no
me agrada nada, Ricardo
como cantante se me
hace insufrible, la
producción no
muestra la potencia
del grupo… En
definitiva, “Espíritu
de fuego” no logra,
en ningún instante,
brillar y se queda en
un trabajo mediocre
que pasa desapercibido.
Eso sí, como
siempre, a lo mejor
tú tienes otra
opinión por lo
que te aconsejo que
lo escuches por si acaso.