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DEADLOCK
“Manifesto” (Lifeforce)

Hay diversas formas de buscar la originalidad en el mundo de la música. Cuanto más en boga y prolífico sea un estilo, más complicado se te hace encontrar el sonido propio. Para solventar esto, Deadlock han intentado una fórmula ya repetida por otros, con suerte dispar: el clásico “esperar lo inesperado”. Esto supone introducir, un poco a la ligera y a veces sin sentido, pasajes que jamás pensarías descubrir en bandas de metalcore. Porque sí, estarán más o menos alejados de la ortodoxia, pero no cabe duda de que el sexteto de Baviera se presenta, desde sus inicios hace una década, como una formación que mezcla modernidad y melodías. El predecesor de “Manifesto”, “Wolves”, me pareció un buen álbum y por eso cogí con ganas esta nueva entrega. Desafortunadamente no puedo concluir lo mismo.

Después de un tema inicial sacado de la pista de baile (¿house? ¿techno? ¿EBM? ¡puaj!), “Martyr to science”entra en una línea más convencional. No está mal la canción, con la habitual dualidad de voces entre Johannes y Sabina. Por cierto, Johannes cada vez tira más de agresivos y menos de guturales, algo que no es de mi agrado. Le prefiero como en “Deathrace”, con unos registros más orientados al death. Sabine sigue pareciéndome similar a Cristina Scabbia de Lacuna Coil, pequeñita y con voz dulce. Precisamente, en “Deathrace” chocamos de bruces con una de esas “sorpresitas” que comentaba: un rapeado que no viene a cuento en los tres últimos minutos. A mí me place que meten elementos curiosos (como el sonido del circo al final de “The brave/agony applause”) pero esto me parece una broma de mal gusto.

Afortunadamente lo arreglan con la notable “Fire at will”, con grandes melodías y un solo de saxo que encaja perfectamente. Otra de las colaboraciones es la del ubicuo Christiam Alvestam. El ex vocalista de Scar Symmetry participa de “Dying breed”, uno de los mejores temas del disco. Sabine es la protagonista absoluta del comienzo de “Altruism”. A solas con su piano hace que el disco pegue un giro estilístico hacia algo mucho más melódico pero muy soso. Cuando ya pensaba que no les quedaban balas en la recámara, para mí destrozan el “Temple of love”, la canción más emblemática de Sisters Of Mercy.

Un aspecto que me hace sentir rechazo, no con Deadlock sino que sería aplicable a un montón de bandas, es la producción. Otro vez Jacob Hansen anda metido en las mezclas y, lo siento, pero no puedo con un sonido que hace prevalecen la batería y la voz por encima de las guitarras durante las estrofas. Ahí sí soy mucho más tradicional y como Deadlock tocan metal (se llame como se llame después), quiero que el instrumento principal sean las seis cuerdas. “Manifesto” me parece un disco irregular, con dos o tres canciones realmente buenas, y mucho relleno. Las situaciones “originales” que proponen me resultan, en su mayoría, artificiales y solo me resta decir que creo que es un paso atrás con respecto a “Wolves”.

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Marco Antonio Romero