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DÍA DE FURIA

“Corea” (Lengua Armada)

Si el personaje que Michael Douglas interpreta en la película "Un día de furia" hubiera tenido una vía para evadirse de la asfixiante realidad el resto de ciudadanos no hubieran sido testigos de la autodestructiva carrera en que entra. Una opción para expresar toda esa opresión interna y soltarla como lastre habría ayudado. La música hubiera sido una buena idea. Es probable que el resultado, de ocurrir así, no fuera muy distante a lo que Adrián Parcero (batería y voz), José Gutiérrez (bajo y voz) y Miguel Costas (guitarras y voz) han hecho en su segundo trabajo: "Corea". Bajo el nombre de país asiático este disco supone una aportación diferente y coloca en la disyuntiva no sólo de reflexionar sobre sus diez temas, también sobre las sensaciones y sentimientos que se evaporan de los mismos. Desengaño, impotencia, lenguas que de un mordisco se parten en dos mitades, melancolía, rechinar de dientes, rabia y altas cargas de tensión ( de esa que muchísimas veces quisiéramos sacar pero por decoro, formas, habladurías o respeto no hacemos) son constante de una firme y cruda grabación realizada por el bajista del grupo en J. Soundworks de Cangas (Pontevedra). Todo ello se filtra no sólo mediante textos en castellano que mediante la encriptación recorren lo interno sino a través de temas muy diversos en su contenido, completos y uniendo en un punto común los tres vértices de la formación gallega.

Día de Furia, con unos cimientos de lo que se ha dado en llamar hardcore "moderno", buscan dentro de varios muebles y cajones (rock, hardcore, metal, incluso pop) para construir figuras de diseño indefinido con lo encontrado dentro de todos ellos. Mantienen su música pendulando en muchas ocasiones a ambos lados de la quebradiza línea que separa la violencia del punto previo a que aparezca. Aunque pueden rebajarla varios niveles (trazos indie en "Ambulancia") o llevar a la explosión (puras voces hardcore en "Majorettes", "Corea", "La recta final"). Pueden sonar desgarrados sin tener que saturar, saben tirar de la cuerda en cada momento para soltarla, buscan la unidad al dejar muy poco espacio entre cortes o fundir de uno a otro, utilizan bien los coros para dar volumen a las canciones y las hacen estirarse o contraerse según corresponda para una labor que, asimismo, incluye entre su minutaje la percepción del desencanto por no poder conseguir aquello que se ha soñado. Junto a la constancia de que su escucha es una magnífica terapia para momentos donde estaríamos dispuestos a salir a la calle y hacer cualquier cosa poco o nada recomendable.

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