Surgidos de la nada
me llegan unos tales
Eden´s Curse.
A primera vista, el
nombre no me suena de
nada pero una vez leo
la hoja promocional,
me entero de que es
una especie de combo
multinacional formado
por el cantante Michael
Eden y cuyo miembros
más conocidos
es el simpático
Ferdy Doernberg, teclista
de Axel Rudi Pell y
Roug Silk. Junto a ellos,
gente que ha pasado
por la banda de Paul
Di´anno, Steve
Grimmett (Grim Reaper,
Lionsheart), Cry Havoc,
es decir, grupos menores.
El proyecto está
apadrinado por Carsten
Schulz de Evidence One
y ex vocalista de Domain
que participa en la
composición y
los coros, además
de Robby Roebel de Frontline.
Para completar esta
pléyade de artistas,
la producción
corre a cargo del infalible
e inevitable Dennis
Ward de Pink Cream 69.
Precisamente los germanos
podrían ser referencia
a la hora de encasillar
a Eden´s Curse.
¿Por qué?
Sobre la base de un
sonido (producción)
más alemán
o centroeuropeo, Eden´s
Curse aportan soluciones
de corte americano,
quizá debido
a la procedencia del
cantante.
Estamos ante un quinteto
que practica el típico
metal melódico
a medio camino entre
el hard y el heavy que,
dependiendo del tema,
se decanta entre uno
u otro. No obstante,
y para aclarar dudas,
no llegar, ni de lejos,
a Pink Cream 69 en cuanto
a calidad. Es más,
podría afirmar
que este debut es realmente
decepcionante sino fuera
por algo que comentaré
después de decir
lo que no me satisface.
El problema fundamental
que les veo es que sus
composiciones siguen
los cánones establecidos
pero pasan sin pena
ni gloria. Es lo que
muchas veces comentamos,
las escuchas y piensas:
“Mmm, no está
mal”. Eso lo puedes
hacer en una, en dos,
a lo sumo en tres, pero
si lo repites constantemente
es que algo no marcha
bien. Esto sucede en
“Eden´s
curse”. Se deja
oír aunque no
tenga ningún
valor añadido
pero acaba cansando.
Quizá la canción
que da título
al grupo y al disco
más la muy inspirada
en Rainbow “Don´t
bring me down”
sean las que se salgan
de esta tónica
plana que únicamente
reflota cuando toma
las riendas Thorsten
Koehne que nos deleite
con una colección
de solos de guitarra
fantástica revelándose
como lo mejor, con diferencia,
de un álbum que
concluye con una versión,
el “We all die
young” que aparecía
en la banda sonora de
“Rock Star”,
interpretada por los
ficticios Steeldragon
y, en la práctica,
por Zakk Wylde y Mike
Matijevic de Steelheart.
Un disco que no pasará
a la historia.