Una década después
de “Precious ones”
y tras bastantes álbumes
con su grupo, Ten, además
de las dos partes de
“Once and future
king”, Gary Hughes
retoma su carrera en
solitario con un disco
bastante esperado por
sus seguidores. Y es
que estamos hablando
de un tipo que si bien
no disfruta de un reconocimiento
masivo, sí que
puede afirmarse que
sus fans son (somos)
muy fieles y entregados
a las fantásticas
melodías vocales
del británico.
Eso sí, tenemos
el suficiente espíritu
crítico para
no comulgar con todo
lo que nos eche nuestro
hombre.
“Veritas”
es un disco que jamás
podrá tener una
valoración positiva
porque la producción
es tercermundista. Demos
de grupos de brutal
death suenan bastante
mejor. Es absolutamente
infame cómo todo
se pierde en un amasijo
de ruidos opacos entre
los que, levemente,
se adivinan los instrumentos
y la voz de Hughes.
¿De qué
le sirve la participación
de sus dos guitarristas
de Ten? ¿Y la
de un par de bateristas
cuando están
secuenciadas y programadas?
De acuerdo en que abaratas
costes haciéndolo
todo en tu propio estudio
pero no a costa de sacrificar
el resultado final del
producto.
Dicho esto, en el apartado
compositivo tampoco
la cosa está
como para echar cohetes.
Evidentemente no esperabaun
“The name of the
rose” o un “Spellbound”
pero lo que comienza
siendo un prometedor
arranque termina diluyéndose
entre vanas melodías
pop. El tema título
y “See love through
my eyes” son dos
notables cortes que
recuerdan, cómo
no, a Ten porque a veces
no se puede disociar
la dupla artista –
banda principal. También
podríamos establecer
este paralelismo en
“Time to pray”
o la balada “Wide
awake in dreamland”
aunque la inspiración
es inferior. Por el
contrario, “In
my head” es una
buena canción
pop pero en un marco
más moderno algo
que no va con la tónica
general ochentera de
“Veritas”.
Porque si nos adentramos
en “I pray for
you” encontramos
a un Gary más
blandito subido a un
carro que pasó
hace tiempo.
“Pray for you”
es un punto de inflexión
de “Veritas”
porque, de ahí
en adelante, el álbum
es manifiestamente mejorable.
“Synchronicity”
no termina nunca de
arrancar (y eso que
dura ocho minutos) y,
encima, tiene un coro
“nah, nah, nah…”
que me pone nervioso.
“Strange”
hace honor a su título
y aunque no está
mal, queda deslabazada.
Las finales “I
know it´s time”,
“The emerald sea”
y “The everlasting
night” no hacen
repuntar la obra. Quizá
“The emerald sea”
es la más aprovechable
de las tres pero lejos
de la brillantez de
los primeros temas.
Gary Hughes ha patinado
con “Veritas”.
Con solo un cincuenta
por ciento de canciones
sólidas y una
lamentable producción,
no podemos hablar de
bagaje satisfactorio.
Un tipo con tanto talento
como él debe
ofrecer prestaciones
superiores. Y, por favor,
que no le vuelvan a
dejar ponerse detrás
de una mesa de mezclas.