Para qué negarlo,
cuando abrí el
contenido de la remesa
de envíos promocionales
de turno y vi el nombre
de Gypsy Pistoleros,
me sorprendí…
pero para mal. “¿Qué
patochada es ésta?”
pensé, sensación
que se acrecentó
al observar atónito
títulos de canciones
como “The crazy
loco loquito”,
“Senor mangi acqui”
o “Forever is
para siempre”.
De ahí no podía
salir nada bueno…
Indagando un poco en
su historia, parece
que los perpetradores
de este, a priori, engendro
son el amigo Lee J Pistolero
(algunos os sonará
la banda White Thrash
a la que perteneció)
y un tal Iggie Pistolero
del que desconozco sus
antecedentes que, a
buen seguro, tendrá.
La “inspiración”
para esta especie de
flamenco sleazy, según
ellos es lo que hacen,
les llegó al
convivir en Zaragoza
(como es conocido de
todos, tierra de flamenco,
en fin…) con caravanas
(eufemismo de chabolas)
de gitanos. A todo esto,
se les unieron dos individuos
más llamados
Angel y Leeroy para
completar el cuarteto
que ha grabado “Wild
beautiful damned”.
Para empezar, desmontemos
una teoría. Esto
no es flamenco ni nada
que se le parezca. El
que posea indudables
influencias latinas,
en sus diversas vertientes,
e, incluso, tex mex,
no quiere decir que
hayan bebido directamente
por Camarón o,
en un ámbito
más fusión,
Pata Negra. Eso es una
gran mentira. Estarían
más cerca de
la banda sonora de “Abierto
hasta el amanecer”
de Robert Rodríguez
(como su hoja promocional
espeta) que de “La
lola se va a los puertos”
o alguna peli española
“de raíces”.
Lo más grande
del caso es que después
de estas nada halagüeñas
perspectivas, el resultado
final no es malo y,
si me apuras, hasta
entretenido. Gypsy Pistoleros
no estarán muy
bien de la cabeza y
las sustancias psicotrópicas
habrán hecho
mella en su comportamiento
pero saben de qué
va la fiesta y cómo
componer temas de sleazy
rock de segunda generación
con solvencia. “Switchblade
kiss comes close”
o “Jet, jet, jet
boyz” no desentonarían
en un disco de Jetboy
porque aúnan
un toque punk que les
imprime frescura.
Cuando tiran de mezclar
el caló y el
inglés, el asunto
cambia y es más
cuestión de tolerancia
porque a veces puedes
pensar que estamos ante
la reencarnación
cañera de Los
Manolos o algo similar.
Con todo, “Un
hombre sin rostro, pistolero”,
“Moonchild”
o “Shotgun kiss
is ay qué dolor”
no tienen desperdicio
y terminas tomándolas
cariño. Si superas
el shock inicial, se
puede llegar a pasar
un buen rato con “Wild
beautiful damned”.
Una curiosa propuesta.