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INDIGO DYING
“Indigo Dying” (Frontiers)

Dentro de los juguetitos que de vez en cuando le ofrece Serafino Perugino, el jefe del sello Frontiers, a sus amigos músicos nos encontramos con este proyecto llamado Indigo Dying centrado en al figura de Fabricio Grossi y que cuenta con la participación de Gisa Vatcky. La amiga Gisa es un cantante chilena que ha trabajado con algunos de los nombres más famosos (que no mejores) de la música internacional: gente como Plácido Domingo, Andrea Bocelli, Enrique Iglesias (santigüémonos), Luis Miguel (¡horror!), Meat Loaf o Perry Farrell, entre otros, se encuentran en su curriculum. Además, en Indigo Dying encontramos un batería consagrado como John Macaluso y alguna guitarra cortesía del bueno de Tommy Denander.

El resultado de todas estas historias suele ser impredecible, sobre todo si se alejan de lo que es la especialidad de Frontiers, el hard melódico. No es que este álbum esté en las antípodas de ello pero sí que denota cierto gusto por sonidos actuales que bien poco tienen que ver con ese estilo y sí mucho más con nombres como Evanescence, Lacuna Coil o Within Temptation porque uno oye la buenísima “Breathe in water” (dueto con el ínclito y omnipresente Michael Kiske), “Better” o “Superman” (con Mark Boals) y piensa que si no fuera por la producción podrían encajar perfectamente en alguna de las últimas obras de esas bandas. Y es que la producción es francamente pobre. El sonido de guitarras satura y ahoga la nitidez del conjunto. No sé en qué estaría pensando Fabricio Grossi cuando se sentó en los controles pero el caso es que es un despropósito.

Entre todo este galimatías sacamos cosas positivas. Algunas canciones están muy bien. Cuando se adentran en el modern rock y olvidan el rollo pseudogótico salen victoriosos con temas adictivos como “Island” o “Taken”. También en el momento en que el hard melódico se hace palpable se alcanzan momentos notables. La inicial “All I ever wanted”, “Shattered life” (con deje a Heart en su etapa más AOR) o una preciosa “Real life fairytale” se encuentran entre lo más brillante del disco. En onda actual pero diferente al resto, “Far enough” es un tema extraño y que no alcanza el mínimo exigible, todo lo contrario de la balada final, “Go”, una melancólica canción con acústicas donde Gisa hace una interpretación bestial mostrando sus cualidades y que recuerda, de lejos, a “When the children cry” de White Lion.

Como podréis deducir de la lectura de esta reseña, Indigo Dying es un disco un tanto inconsistente, más por la poca coherencia interna del álbum que por las composiciones en sí. Además, el asunto de la producción le aleja definitivamente de ser un trabajo recomendable. No es malo, ni mucho menos, pero se pierde en la vorágine de ediciones que nos sacude la redacción.

http://www.frontiers.it
Marco Antonio Romero