La trayectoria vital
de los navarros Koma
no deja indiferente
a nadie. Por muchos
motivos es una banda
que, si te engancha,
se convierte instantáneamente
en favorita. Creo que
esto es debido a dos
cosas fundamentales.
En primer lugar, el
marcado sonido de guitarras.
Natxo Zabala me parece,
dentro de su estilo,
un maestro de las seis
cuerdas, tanto en las
rítmicas (apoyado
en Brigi) como en los
solos. Por otro lado,
está la personal
voz del propio Brigi,
tipo carismático
donde los haya, con
unos registros roncos
no aptos para todos
los oídos.
“Sakeo”
es su sexta obra de
estudio y, con las premisas
anteriores, el disco
se presentan sin excesivos
cambios aunque sí
con elementos nuevos
en el universo Koma
que a mí no terminan
de convencerme. “Los
niños de lapos
guerra” es un
buen comienzo, típico
para comenzar un concierto
y poner a la gente en
marcha. “La pelea”
es canción cañera
por excelencia con un
riff poderoso y contundente.
Brigi muy bruto en las
notables estrofas, lástima
que el estribillo no
esté en consonancia.
Algo más roquero
y accesible es el tema
que da título
al álbum, por
algo ha sido escogido
como single, y como
contrapunto tenemos
“El pato”,
casi thrash en su primera
mitad a pesar de que
la letra parece un poco
metida con calzador.
“La fiera nunca
duerme” es un
corte vacilón,
donde Brigi prueba con
diversos tonos y que,
junto a la fantástica
“Jipis”,
se erige en los mejor
de “Sakeo”.
Es a partir de aquí
donde algunos adorarán
los nuevos horizontes
de los navarros y otros
no estarán tan
de acuerdo. “Buitres
(a su alrededor)”
es un medio tiempo con
algunas acústicas
y un tanto emotivo que
no está nada
mal. “El alambique
II (como una cuba)”
refleja en un minuto
la calidad de Natxo.
Junto a su guitarra
nos deleita en este
breve pasaje. En mi
opinión, estas
dos canciones nos preparan
para el auténtico
elemento rupturista
del disco, “El
sonajero”. En
ella, Koma se aventuran
con un ritmo latino
y una fase central dominada
por los vientos. Personalmente
no me gusta, ni por
el estilo ni porque
considero que letra
y música vuelven
a quedar desvencijadas,
no casan.
El shock de “El
sonajero”, que
también se incluye
como bonus en una versión
no tan ecléctica,
probablemente me haya
impedido disfrutar de
las canciones finales
que se me hace muy cuesta
arriba salvo la última
“Las setas”,
cañera y rítmica
que cierra un disco
con altibajos, para
mi gusto un pelín
inferior a “Sinónimo
de ofender” pero
con canciones individuales
más logradas.
Sus seguidores seguro
que no se sientes decepcionados.