Los Reconoces fueron
un prometedor grupo
de rock español
cuya trayectoria no
fue la deseada por sus
componentes, lo que
significó su
defunción sin
el éxito que
deseaban y, probablemente,
hubieran merecido, al
menos si lo comparamos
con otros coetáneos
que han llegado a muchísimo
más sin tener
la décima parte
de calidad de Los Reconoces.
Su vocalista y guitarra,
Eduardo García
Martín, más
conocido como Luter,
decidió emprender
una aventura homónima.
Junto a una base rítmica
formada por Fauna al
bajo y el baterista
Jandri han editado “Añicos”,
su primera entrega en
solitario. Probablemente,
la característica
principal del álbum
es que la búsqueda
de la teórica
simpleza en la música
nos podría hacer
perdernos la cantidad
de matices que poseen
sus canciones.
Sinceramente, Luter
ha conseguido que cualquiera
que se siente a escuchar
este disco y se meta
en su propuesta (obviamente
seguidores de Bisbal
o de Disgorge no son
el “target”
de “Añicos”)
descubra, paulatinamente,
una melodía,
un coro, una inflexión
vocal o, por supuesto,
la profundidad de los
textos. Quizá
el ejemplo más
claro sea la balada
“Barata mi filosofía”,
un corte completamente
distinto a la tónica
general alegre y marchosa
de los temas. Con una
acústica y un
pequeño acompañamiento,
posee la capacidad de
trasmitir al oyente.
No obstante, la línea
marcada es la de las
otras once canciones,
a medio camino entre
Rosendo (la parte buena)
y Marea (la que no me
gusta).
“Esperpento”
abre el disco de la
manera más clásica
posible. Rock con guitarras,
muy español (o
urbano, como queráis
llamarlo), típica
para corear en concierto.
Sube el nivel “El
tiovivo”, sin
duda mi preferida, con
una estructura más
hard, no tan facilona
y con una notable letra.
“La cola”
estaría más
cerca de “Esperpento”
mientras que “Fin”
es un medio tiempo muy
descriptivo, con un
riff leve pero marcado.
La curiosa en su título
“Los cíclopes
también tienen
corazón”
me recuerda a Reincidentes
cuando les da por bajar
mucho el pistón,
a lo mejor por la forma
de pronunciar de Luter.
“A granel”
nos presenta el coro
más comercial,
con el manido “Oohooohooohh…”.
Mucho mejor las estrofas
que el estribillo.
La segunda mitad de
“Añicos”
tiene un rock and roll
vacilón como
“Entre la maleza”
de esos que te hacen
mover la pierna sin
querer. Lamentablemente,
tampoco el estribillo
pienso que está
a la altura, quizá
la gran traba del disco.
Salvo excepciones falta
uno de esos que te haga
levantar del asiento
y cantar a pleno pulmón.
La base rítmica
domina “Arrabales”,
un tema que pasa un
tanto desapercibido
porque suena “a
más de lo mismo”
que es justo lo que
no sucede con “Objetos
perdidos”, quizá
la más original.
Las dos canciones que
cierran este debut de
Luter, “De ida”
y la acústica
“Hoy voy”,
se me hacen un poco
más cuesta arriba
produciéndome
cierto hastío
y la sensación
de que con diez cortes
teníamos suficiente.
A todos los que gusten
del rock urbano, sencillo
y sin pretensiones,
creo que les atraerá
“Añicos”.
El resto, abstenerse.