Paradojas del destino.
El haber estado, en
su momento, en una multinacional
ni te produjo réditos
entonces y te dejó
sin el estatus de culto
que otros poseen ahora.
Así ha sido la
vida para Meliah Rage.
US Power metal, casi
thrash, cercano a lo
que fueron y son Metal
Church en una “major”
como Atlantic Records.
Combinación explosiva
y condenada antes de
nacer. Dentro de la
locura que fueron los
ochenta cabía
todo y esto fue una
vuelta de tuerca. Quizá,
con la explosión
del thrash, algún
avispado ejecutivo pensó
que como estos chicos
no eran tan “brutos”
como Slayer, Exodus,
etc., tenían
futuro a nivel de ventas.
“Kill to survive”
fue la respuesta. Disco
notable, fracaso comercial.
Desde entonces, Meliah
Rage vivieron su particular
travesía del
desierto hasta desaparecer
en silencio.
Sin embargo, como casi
todos, volvieron con
un muy buen disco llamado
“Barely human”.
Lo más triste
del caso es el leif
motiv de la pegatina
de la portada: “La
ex banda de Sully Erna
de Godsmack”.
Porque sí, señores,
muchos nu metaleros
tienen un pasado y el
del tal Sully nos lleva
a sus tiempos de batería
con esta formación
de Boston. “Barely
human” poseía
un excelente trabajo
de guitarras de los
dos únicos miembros
originales, Anthony
Nichols y Jim Koury,
además de un
conjunto interesante
de canciones.
Por este motivo, tenía
ganas de escuchar “The
deep and dreamless sleep”,
un álbum que
en Estados Unidos salió
hace un año,
tanto tiempo que Meliah
Rage han perdido a su
vocalista Paul Souza
y se encuentran ahora
a la búsqueda
de un sustituto. Si
hubiera que definir
este trabajo con dos
palabras serían
aburrimiento e indefinición.
La primera no necesita
demasiada explicación.
Las ocho composiciones
aquí contenidas
no ofrecen nada que
te pueda volver loco.
Sí hay pinceladas
pero poco más.
Entre lo salvable encontraríamos
el riff de la inicial
“Permanently damaged”,
puro US metal, aunque
el conjunto de la canción
carece de fuerza. Las
estrofas de “Undefeated”
casan bien con las guitarras
pero el estribillo es
horrendo y arruina cualquier
intento de brillantez.
“Curse”
puede que sea, probablemente,
la única que
me agrada en su totalidad.
Rápida y potente,
aunque típica,
sobresale entre la mediocridad
reinante. Del resto,
nada de nada.
En cuanto al término
indefinición,
intentaré explicarlo.
Los de Boston han editado
un disco con el que
no sabes muy bien a
qué atenerte.
Cuando parece que arranca
un ritmo clásico,
te meten un toque moderno
y viceversa. El resultado
es que ni suena a los
ochenta ni al siglo
XXI. ¿A los noventa,
tal vez? Pues tampoco
exactamente. Extraña
combinación que
hace naufragar a Meliah
Rage en este “The
deep and dreamless sleep”.
Una pena porque “Barely
human” molaba.