Gary Meskill y los
suyos andan enfadados,
muy cabreados diría
yo. De lo contrario
no se comprende como
han metido tanta tralla
en la nueva entrega
de los neoyorkinos Pro-Pain.
“Fistful of hate”
y “Prophets of
doom” parecían
haber devuelto a los
de Brooklyn a la senda
correcta aunque faltaba
por dar ese paso adelante
que fuera capaz de emparentar
una obra actual del
cuarteto con títulos
clásicos como
“Foul taste of
freedom” o “Contents
under pressure”.
Dos cosas me sorprenden
de este disco antes
de valorar las canciones.
La primera es la producción
y la mezcla. Creo que
la han pifiado de mala
manera porque eso suena
mal. Una cosa es que
se quiera ser crudo
pero no puede ser que
te encuentres con un
batiburrillo extraño.
Quizá a otros
les parezca agradable
pero a mí se
me hace raro y me produce
rechazo. En segundo
lugar, la distribución
de las composiciones.
Podríamos separarlas
en dos bandos: Las impares,
las más hardcore
y punk; las pares, las
más metaleras.
Sólo cabría
la excepción
de la final, “Live
free (or dye trying)”
que es un punk metal
para corear pero que
fracasa en el intento
por culpa de un flojo
estribillo. Eso sí,
todos los cortes tienen
un denominador común,
la feroz crítica
al amigo George W. Bush.
Le dan hasta en el carnet
de identidad, je, je.
Si bien el disco en
general pasa bastante
desapercibido, es decir,
las canciones no son
malas pero la sensación
es que te cansas rápidamente
de ellas, es necesario
señalar algunos
aspectos novedosos,
en particular los coros
“a lo Broadway”
de “All for the
king George” y
la voz femenina que
aparece en “Beyond
the pale”, uno
de los mejores temas
del álbum.
Como la cabra tira
al monte, prefiero la
vertiente más
hardcore metalera de
su propuesta, y además
de “Beyond the
pale” destacaría
la sobresaliente “Heads
will roll” que
sí recupera los
viejos valores del grupo
o el cambio de ritmo
de “Iraqnam”.
Asimismo, sin ser nada
del otro mundo, se dejan
oír la casi crust
“Leveler”
(Meskill nunca berreó
tanto como aquí)
o la punkie “Company
jerk”.
Desgraciadamente para
ellos, y por qué
no para todos los que
seguimos enganchados
a “Foul taste
of freedom”, Pro-Pain
han vuelta a editar
algo correcto pero no
superior. Está
un poco en la línea
de calidad de sus dos
predecesores, que siendo
decentes no terminaban
de despuntar. Me parece
que ya será difícil
que vuelvan a hacerlo.