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esto que cuando parece
que has perdido la esperanza
en algo o alguien, éste
resucita cuan Ave Fenix
para sorpresa y regocijo
de todos los que sentimos
su caída. El decimosexto
disco de Rage es una oda
a lo que el metal germano
siempre debió ser.
Considero a “Peavey”
Wagner como a alguien
de mi familia. Me ha acompañado
en los últimos
13 años de mi vida.
Por eso, me dolió
sobremanera cómo
su banda se fue convirtiendo,
primero, en un delirio
pseudoorquestal y, después,
en una especie de clinic
instrumental. El culmen
de esto fue la patética
y autocomplaciente actuación
en el Rock Machina 2002.
No digo
que “Ghost”,
“Unity” o
“Welcome to the
other side” sean
bazofia pero por lo que
a mí respecta el
“espíritu
Rage” afloró
por última vez
en el imprescindible “End
of all days”...
hasta ahora. Todavía
mis oídos no salen
de su asombro ante tamaño
ejercicio de composición.
Cada una de las 11 canciones
de “Soundchaser”
cobra personalidad propia
y supone un regreso a
la tradicional apuesta
del combo. Es evidente
que hay ciertas partes
en las que el virtuosismo
está presente (imposible
eludir esto con Victor
Smolski y Mike Terrana
sueltos) pero no agobian
ni perjudican el todo
del trabajo.
A lo
mejor mi euforia es excesiva
pero estoy muy contento
de que uno de los personajes
que más admiro
en el heavy regrese al
redil. El talento de Peavey
me parece indiscutible
pero había llegado
a pensar que la influencia
de sus otros dos compañeros
había sido tan
nociva que se le había
olvidado cuáles
eran sus orígenes.
Menos mal que “Soundchaser”
es la prueba de que todo
vuelve a su sitio. De
los tres mejores discos
del año en el apartado
de heavy metal.
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