El renacimiento a nivel
europeo de muchas formaciones
clásicas les
ha inspirado a editar
nuevas obras o, incluso,
algunos de sus componentes
retoman carreras en
solitario que no es
que estuvieran paradas
sino que habían
quedado en segundo plano.
Desde del éxito
de “Falling in
between” de Toto
y su posterior gira
mundial, Steve Lukather
se decide a grabar su
primer disco en más
de una década.
“Eyer changing
times” es el cuarto
trabajo del guitarrista
y cantante, y tal vez
sea el que más
se aproxima a lo que
sus seguidores podrían
esperar.
Si bien su debut, “Lukather”,
fue alabado a mí
me parece que la producción
lo mataba, demasiado
suave. Por su parte,
“Candyman”
y “Luke”
supusieron un vehículo
para que Steve mostrara
toda su formación
clásica de jazz,
blues y demás,
mezclado con melodías
pop y ramalazos roqueros.
Si bien en “Ever
changing times”
seguimos encontrando
ese eclecticismo, no
se puede negar que las
composiciones, al menos
en mi opinión,
tienen más coherencia
interna. Otra cosa es
que te gusten. A mí
el disco se me hace
muy largo. Quizá
porque estoy más
acostumbrado a la caña
pero la segunda mitad,
siendo impecable musicalmente,
me llega a aburrir.
El tema título
da inicio al álbum
y se erige en lo mejor
de él. De las
más roqueras,
no es una canción
que entre a la primera
pero sí que se
desarrolla de forma
armoniosa. Lukather,
sin ser un prodigio
vocal, sí posee
unos registros agradables
que adaptan perfectamente
tanto a Toto como a
sus distintos proyectos.
La primera parte del
álbum está
repleta de baladas muy
ortodoxas del AOR y
el West Coast como “The
letting go”, “I
am” o incluso
“Tell me what
you want from me”
aunque esta última
posee un magnífico
cambio de ritmo que
el hace subir el tempo.
Entre medias, “New
World” es algo
más extraña
pero tiene una gran
labor de guitarra.
Mi mayor problema con
“Ever changing
times” empieza
en las composiciones
distintas, muy del gusto
de Steve. A partir de
“Jammin´
with Jesus” empieza
a aflorar el blues y
el funk que fundidos
con el pop hacen que
estas canciones aporten
frescura al conjunto
pero se alejen demasiado
de mis parámetros.
Algo similar suceder
con “Stab in the
back”, aunque
ésta me parece
muy buena, o “How
many zeros”. Estos
cortes se entremezclan
con otros más
típicos que no
desmerecerían
en discos de Toto pero,
para este momento, ninguna
me resulta tan brillante
como para volarme la
cabeza. La instrumental
“The truth”
es una bonita forma
de concluir un álbum
indudablemente bueno
pero que no termina
de engancharme. Lo que
en Glenn Hughes o Rickie
Kotzen es un cañón,
en Steve Lukather no
me irradia esas sensaciones.