El mundo del rock
progresivo está
lleno de pequeños
héroes que
editan desde el underground
más profundo
discos que en algunos
casos no logran el
reconocimiento de
la escena pero que,
en otros, se convierten
en joyitas escondidas
del género.
El británico
Steve Thorne logró
con su debut, “Emocional
creatures”,
que grandes nombres
del prog se interesaran
por su propuesta.
Un par de años
después regresa
con la segunda parte
de este proyecto marcado
por el rock progresivo
creador de atmósferas
“bonitas”,
con dosis de pop y
folk. De nuevo, se
rodea de un elenco
de invitados de excepción
como Geoff Downes
(Asia) que aporta
un par de solos excelentes,
por ejemplo en “Crossfire”,
Pete Trewavas de Marillion,
Tony Levin, Nick D´Virgilio,
etc.
En estas once nuevas
composiciones, Thorne
se vuelve a delatar
como un profundo admirador
de Genesis y Peter
Gabriel. Así,
proliferan las partes
lentas y acústicas
mezcladas con instrumentales
más propias
del space rock porque
Steve, con sus teclados,
secuenciadores y loops,
también imprime
un aire más
moderno a este “Part
two: “Emotional
creatures”.
Es curioso porque
donde da más
rienda suelta a los
solos y la “caña”
(entendámonos)
es en los cortes no
cantados donde sí
abundan los desarrollos
de guitarra o teclados,
cambios de ritmo y
demás. En las
canciones con letra,
se centra más
en buscar estrofas
y estribillos convincentes
dejando de lado la
complejidad.
Para un no demasiado
experto en estas lides
tan suaves del progresivo,
he de decir que el
álbum alterna
grandes momentos con
otros para mí
más intrascendentes.
Dentro de los primeros,
me quedaría
con “Wayward”,
con un interesante
registro de Thorne,
algo más roto
que no se repite demasiado
en el disco; la mencionada
“Crossfire”,
con grandísimos
solos de teclados
y acústica;
“Hounded”,
que me recuerda a
grupos australianos
de pop rock de los
80 como The Bolshoi
pero con la comercialidad
“arrancada”;
o la grandilocuente
y orquestal “The
white dove song”
con aires a los Marillion,
época Steve
Hogarth.
Steve Thorne forma
parte de esa masa
silenciosa de grupos
británicos,
tipo IQ o Jadis, que
optan por intentar
crear belleza a través
de las notas musicales.
Por momentos, lo consigue,
si bien considero
que a alguien no demasiado
metido en este estilo
o que prefiera las
versiones más
metaleras del progresivo
será difícil
que le convenza al
100% este “Part
two: Emotional creatures”.