Normalmente un animal
cazador joven, debido
a su inexperiencia,
tiene poco éxito
o resultados durante
sus primeras incursiones
en busca de presas.
Pero por instinto
sabe que debe ser
así y no desfallecer
en situaciones donde
comienza su lucha
por la supervivencia.
Sin ningún
género de dudas
"This is where
the fight begins"
(Aquí es donde
comienza la lucha)
es un título
que ilustra bien a
las claras las sensaciones
y el conocimiento
por parte del quinteto
británico de
un punto de inflexión
en su trayectoria
como banda, al ser
éste su álbum
de debut, y cualquier
presa debería
estar temerosa ante
un contrincante de
su calibre, pues no
son, ni mucho menos,
un tierno cachorrillo
que acabe de salir
de su madriguera.
Un bagaje previo
de varios singles
y maquetas y, sobre
todo, el haber girado
con intensidad por
su país se
traduce en un disco
salvaje, fiero e indomable
donde parece que una
jauría se eche
al asalto contra ti
partiendo desde el
reproductor. Esta
sensación no
está propiciada
sólo por la
voz de Tom Lacey encabezando
con sus fauces a la
manada (chillón
y muy rasgado, excepto
en temas puntuales
(y con brevedad) que
incluyen voces y coros
limpios como "Left
for dead", "Black
art number one"
y "As they breed
they swarm"),
sino por diez composiciones
que acechan en torno
a los tres minutos
(menos la última,
"The last bastion
of heaven lies abandoned
and burning")
donde el punk-rock
de velocidad e intesidad
suicida es el protagonista
de un trabajo mezclado
por Kurt Ballou de
Converge y masterizado
por Nick Zampiello.
Hay ritmos frenéticos,
hay poder e inmediatez
con un punto metalizado
en las canciones y
rozando el hardcore
con la yema de las
pezuñas, variedad
("Up to you"
es core en la práctica,
"Now tag"
punk-rock clásico
o "One for the
road", punk purista),
estribillos que se
recuerdan al tiempo,
ladridos de advertencia
convertidos en dentelladas
y, por encima, una
sensación nihilista
de desear que te devoren
empezando por los
oídos.