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Diego A. Manrique,
en la Historia del Rock de EL
PAÍS, describía
de forma muy acertada las canciones
de Chuck Berry: ritmo imparable,
guitarra afilada, sonido electrificante,
historias de excepcional precisión
y poder de evocación.
Como instrumentista define lo
que es el estilo básico
de los guitarristas de Rock
hasta el presente. Como compositor,
sus piezas retratan de forma
imperecedera el estilo de vida
de la América juvenil
de los años cincuenta.
Hay muchos
aspectos desconocidos en la
vida de Charles Edward Anderson
Berry. Uno de ellos es su fecha
de nacimiento: unos dicen que
fue el 18 de octubre de 1931;
otros dan como válido
el mismo día y mes, pero
de 1926; y, por último,
otros afirman que fue el 15
de enero de 1925. Con el lugar
de nacimiento ocurre lo mismo:
unos dicen que nació
en St. Louis (Missouri) y otros
que en San José (California).
En cualquier caso, da lo mismo:
lo importante para todos los
amantes del Rock & Roll
es que naciera, y ya está.
Lo que sí es cierto es
que con sólo unos meses
de vida, el amigo Berry vivía
con su familia en St. Louis,
en el gueto de Elleardsville.
Su padre, un carpintero muy
trabajador y muy ligado a la
iglesia baptista, había
llegado a esa ciudad con la
típica intención
de casi todos los padres de
estrellas del Rock & Roll:
salir de la miseria. Desde muy
pequeño, Berry se interesa
por la música, consiguiendo
una guitarra con la que practica
noche y día. Con el ejemplo
del padre y de una madre bastante
firme en la economía
doméstica aprende pronto
el valor del esfuerzo personal
y del ahorro y se hace con su
primer coche: un Ford V-8 del
´34, el primero de una
larga lista. Además de
los coches, le apasiona la fotografía,
la electrónica y todo
lo que tenga que ver con la
técnica. Pero la mayor
afición de su vida van
a ser las tías (junto
con la música, que son
compatibles). Pronto despuntará
como follarín incansable.
El alcohol, sin embargo, no
le va, haciéndose totalmente
abstemio tras una primera experiencia
desagradable con éste
(una mala tarde la tiene cualquiera).
La primera
vez que visite la cárcel
(habría otras dos, pero
todo a su tiempo) será
en el verano de 1944. Charles
se sube a un buga con dos colegas,
hacia Kansas City. Pretenden
llegar a California (todo el
mundo pretende llegar a California.
Deben repartir caramelos o algo
así). Total, que se quedan
sin pelas y a uno de sus coleguitas
se le ocurre atracar una panadería.
Nuestro héroe participa
en el segundo atraco, esta vez
a una barbería. De vuelta,
el coche se jode y nadie para
a ayudarles. Hacen bien, porque,
tras mucho esperar, al primer
buen samaritano que para le
roban el coche, siendo detenidos
poco después. Le condenan
a 10 años de trena, pero
sólo cumple tres en el
reformatorio de Algoa (Missouri).
Cuando vuelve a casa, en el
´47, se pone a currar
de carpintero con su padre,
que empieza a llamarle Chuck.
Poco después se emplea
como obrero en la cadena de
montaje de la General Motors.
Pronto ahorra para otro coche:
un Buick Roadmaster Sedan del
´41. Berry mantiene la
típica actitud de negro
testarudo que curra duro para
aprender las reglas y progresar
en el mundo de los blancos.
Él no es racista, y sus
gustos cinematográficos
y musicales abarcan tanto a
blancos como a negros. Su afán
de progresar le lleva a inscribirse
en la School of Beauty Culture,
un instituto de belleza al que
iba después del curro.
Consigue el título de
peluquero y abre su propia peluquería
con unos ahorrillos. Por esta
época, en octubre de
1948, tiene lugar su boda con
Themetta Suggs (a la que Chuck
llama cariñosamente Toddy),
una mujer bastante discreta.
En 1950 nace su primera hija:
Darlin´ Ingrid Berry (por
Ingrid Bergman, su actriz favorita).
Toddy le dará 2 hijas
más y un hijo, pero Chuck
se hinchará, durante
su carrera, de ponerla los cuernos
con mogollón de tías,
blancas en su mayoría,
que salen bien satisfechas.
La guitarra no es el único
instrumento que sabe manejar
el follador rocanrolero de fino
bigotillo, muñeca.
Sigamos por
donde íbamos: la afición
de Chuck por la música
no había disminuido.
Berry venía sacándose
un dinerillo extra tocando profesionalmente
en los clubes de St. Louis Blues
y Country para negros desde
la primavera del ´52.
Su banda, el Chuck Berry Combo
(compuesta por Johnnie Johnson
al piano, Ebby Hardy a la batería
y él mismo a la guitarra
y cantando), va aumentando su
popularidad en la zona y consigue
convertirse en la estrella de
uno de los clubes más
famosos de St. Louis: The Cosmopolitan
Club. En esta época,
toda la gente del mundillo sabía
ya que iban a dar el campanazo.
Los miembros del grupo visten
elegantes uniformes en sus bolos
y su amplio repertorio va desde
las baladas de Nat King Cole
hasta el Blues, pasando por
Louis Jordan. La única
banda que les disputa el título
de “mejor grupo”
de esa zona es la de Ike Turner,
que toca al otro lado de la
ciudad.
Chuck era
perfectamente consciente de
que podía conseguir algo
grande con su música,
pero St. Louis se le quedaba
pequeño. En el verano
de 1954 viaja a Chicago con
un colega y ve en una noche
a Howlin´ Wolf, a Elmore
James y a su ídolo Muddy
Waters. Chuck se arma de valor
y le pide a Muddy tocar con
él un par de temas en
el show de la noche siguiente.
Muddy queda impresionado con
la habilidad a la guitarra que
le demuestra Chuck en el camerino.
Accede y le aconseja que vaya
a los estudios de la Chess (discográfica
para la que graba Muddy. La
Chess es un sello mítico
en la historia de la música
negra) para conseguir un contrato.
Al día siguiente, Berry
se presenta en la discográfica
con una cinta que contiene dos
canciones: Wee wee hours (adaptación
de un clásico del Blues)
y Maybellene (composición
propia, partiendo de un viejo
éxito Country). Es este
tema el que llama la atención
de Leonard Chess, que recomienda
que la graben adaptada a esa
nueva música que llaman
Rock and Roll. Como se puede
ver, la entrada de Chuck Berry
en el nuevo ritmo es casual.
En mayo de 1955, con Len Chess
manejando un magnetofón
monoaural Ampex 403, graba Maybellene,
Wee wee hours, Thirty days y
You can´t catch me.
Firma contratos
de grabación y edición
y regresa a casa, al curro de
carpintero, al que ha vuelto
(la música aun no le
da de comer, y tiene una familia
que mantener). Pasa el tiempo
sin obtener respuesta de Chess.
De repente, Maybellene salta
a la radio y se convierte en
un éxito. Aquí
interviene de forma decisiva
Alan Freed, que recibe una copia
y la pincha sin parar (Freed
figura como coautor del tema
por gentileza de la discográfica).Desde
este momento, Berry se va a
convertir en una de las figuras
del abanico de Alan Freed. La
canción se sitúa
en lo alto de las listas de
música negra y cabalga
también por las emisoras
blancas. La carrera de Chuck
se dispara: sale de gira, tocando
en clubes de Atlanta (Georgia)
y en varias ciudades de Nueva
Inglaterra, para empezar, y
después en los teatros
Paramount y Apollo, en Nueva
York. Espabila cantidad en la
gira, aprendiendo bien el oficio.
Hace escala en Chicago para
realizar una sesión de
grabación el 20 de diciembre
de 1955, de la que salen No
money down, Together we will
always be, Down bound train
y otras. A partir de este año
no va a parar: recorre el país
de concierto en concierto, destacando
por su profesionalidad y por
su capacidad de espectáculo,
con detalles como su famoso
duckwalk (“paso del pato”);
actúa en cantidad de
shows de radio y TV y aparece
en unas cuantas pelis, entre
ellas Rock, Rock, Rock (1957)
y Go, go, go (1959). Sigue grabando
bastantes discos y colocándolos
en las listas. Se considera
que puede ser un serio competidor
de Elvis, pero varios detalles
juegan en su contra: el color
de su piel (su éxito
le ha convertido en uno de los
artistas más odiados
por los adultos blancos bienpensantes
de USA), la mala infraestructura
de su compañía
y la ausencia de un empresario
en condiciones que se la juegue
por él.
Pero su música
no acusa estos problemas: se
consolida como un estupendo
guitarrista. Su sonido es Blues
de Chicago, aderezado con toques
de Country y del Jump Blues
de Louis Jordan. Sus letras
demuestran una gran capacidad
para contar historias en el
escaso tiempo que dura una canción.
Aunque es un adulto, conecta
dabuti con la juventud, lo que
podemos comprobar si echamos
un vistazo a los temas que trata
en sus canciones: la hostilidad
adolescente (Almost grown),
la incomprensión de los
adultos (Too much monkey business),
la gran importancia del automóvil
en la juventud americana (Maybellene,
No particular place to go, No
money down, Jaguar and Thunderbird,
You can´t catch me)...
También, como todos,
habla de las relaciones chico-chica,
en las que cuela algún
detalle erótico en la
mejor tradición Blues.
Otro rasgo personal es la adición
de detalles humorísticos
a sus canciones.
Berry se da cuenta de que el
nuevo estilo puede ser un gran
medio de comunicación
y, como todos los intérpretes
de Rock and Roll, también
crea temas militantes: Rock
and Roll music, Roll over Beethoven,
Let it Rock... y, por supuesto,
escribe el cantar de gesta por
antonomasia al arquetipo de
rocanrolero: Johnny Be Goode
(una prueba irrefutable de la
importancia de esta canción
en la historia del Rock y de
la música en general
es que fue elegida como uno
de los mensajes representativos
de la civilización humana
que fueron lanzados en la sonda
espacial Voyager I, en busca
de otras formas de vida inteligente.
Anda, ¿eh?). Tampoco
se olvida del fenómeno
fan: Sweet little Rock and Roller,
Sweet little sixteen, Little
queenie, Go bobby soxer... El
lenguaje que utiliza está
repleto de barbarismos, pronunciaciones
macarrónicas y palabras
medio inventadas, que pasan
directamente al argot quinceañero.
En 1956, tras
un concierto en Pittsburgh (Pennsylvania),
conoce a la que podemos considerar
como la mujer de su vida, a
la que, fíjate tú,
nunca se pasará por la
piedra. Se trata de Francine,
una chica judía de 20
años. Se hacen muy colegas
y, cuando hay más confianza,
ella le habla de la necesidad
que tiene él de organizar
sus asuntos. En noviembre de
1957, Francine (Berry la llama
Fran) se va a St. Louis para
trabajar con Chuck. Empieza
revisando taquillajes e impagados.
En febrero de 1958, abren una
oficina: la sede de Chuck Berry
Music Inc., desde donde se lleva
la carrera de Chuck, el club
de fans y sus cada vez más
importantes operaciones inmobiliarias.
Ah, Fran también toca
la percusión en Memphis
(joder con la niña).
En marzo de ese año inauguran
el Club Bandstand, un garito
que regentará el propio
Berry. Luego inauguran el Berry´s
Park, un parque de atracciones
que han construido en Missouri.
Para costear las obras, Berry
toca en cualquier sitio que
le ofrezcan, viajando solos
él y su guitarra y ahorrando
al máximo, lo que va
a influir en su creciente fama
de rácano (por otra parte,
ganada a pulso y seguramente
influida también por
las experiencias de su juventud
que antes mencioné).
Este mirar por el dinero le
permite, en 1959, comprar una
casa en el mejor barrio negro
de St. Louis.
Pero llegan
los problemas: ese año,
en uno de sus viajes “conoce
a” -según unos-
o tiene un lío con -según
otros- (qué más
da) una chavalita medio apache
llamada Janice Escalante, en
Juárez (Méjico)
-según unos- o en El
Paso (Texas) -según otros-
(sigue dando igual). La niña
no le suelta y Chuck decide
traérsela a St. Louis
y emplearla en el guardarropa
de su club, vestida de india
(qué exótico,
tú). Y otra vez las dobles
versiones (qué trajín):
parece ser que, meses después,
Chuck la despide y la india,
según una versión,
es detenida al ser descubierta
prostituyéndose en un
hotel; según otra, ella
misma se planta en comisaría.
El caso es que la niñata
dice que tiene 14 tacos y que
Chuck la ha obligado a ejercer
la prostitución en su
local. Chuck está en
un buen lío, ya que tiene
pendiente otro juicio por haber
sido parado en la carretera
acompañado de una joven
francesa. De nada sirve que
intente explicarse diciendo
que él sólo quería
aprender español y que
no tiene ni idea de lo que hacía
la niña fuera de su garito.
Es procesado por trata de blancas.
El juicio subsiguiente es seguido
con atención por toda
la nación. En el fondo,
no sólo se juzga a Chuck
Berry, también se juzga
al Rock & Roll. Berry es
declarado culpable, pero el
juicio es invalidado por el
talante racista de jurado y
juez. El juicio de la francesa
lo gana al declarar ésta
que está enamorada de
él, pero en el segundo
juicio de la joven india es
declarado culpable de haber
impulsado, inducido e incitado
a una menor a entregarse al
libertinaje y sentenciado a
tres años y una multa
de 10.000 dólares. No
sé si era culpable o
no, pero, aparte de que la cría
era una mala puta, el color
de la piel de Chuck influyó
en el veredicto, seguro.
Pasa la mayor
parte de su condena en el Federal
Medical Center de Springfield
(Missouri), donde aprovecha,
siempre emprendedor, para estudiar
empresariales, leyes, contabilidad
y mecanografía. Allí
escribe también nuevas
canciones: Nadine, No particular
place to go, Tulane, You never
can tell y Promised land. Sale
en libertad condicional el 18
de octubre de 1963 y se traslada
a Chicago. Al recuperar la libertad
encuentra un panorama totalmente
distinto al que conocía.
Su figura se ha revalorizado
gracias a los nuevos grupos
de éxito (Beatles, Stones,
Kinks...), que se consideran
influenciados por su música.
Berry vuelve a los escenarios,
cosechando algunos éxitos
menores hasta 1965, pero se
le considera una vieja gloria
y tiene fama de mala leche y
de rácano. En mayo de
1964, viaja por primera vez
a Inglaterra para dar unos conciertos.
Consigue bastantes actuaciones
gracias a la moda Beatles/Rolling.
La mayoría de los ídolos
del Rock & Roll están
fuera de combate por diversos
motivos y él sabe adaptarse
a los tiempos, cambiando de
imagen: patillas, pantalones
de campana y camisas de colorines.
Mola a todo
el mundo: en la segunda mitad
de los sesenta es reivindicado
por los hippies (te cagas),
que ven en él a un predecesor
espiritual (malditos porros),
pero él se concentra
en su Berry´s Park. En
él se organizan varios
festivales que congregan a mucha
peña y que provocan quejas
en el paleto vecindario. Fran
se cansa y abandona el barco
para volver a casa, pero regresa
un par de años después.
Chuck tira p´alante y
acentúa su profesionalidad
exagerándola hasta el
racanismo (nada de bises, dinero
extra por cada minuto de más
en sus shows...). A partir de
1970, se convierte en un habitual
de los conciertos nostálgicos.
En uno de ellos (en Coventry,
Inglaterra), graba y publica
su discográfica sin su
consentimiento My ding-a-ling,
oda a la masturbación
que llega al número 1
en 1972 y se convierte en el
mayor éxito de su carrera.
El éxito económico
trae una auditoría del
fisco, que le empura por impuestos
no pagados de 1973-74. El 10
de agosto de 1979 ingresa en
el Lompoc Prison Camp (California)
por tres meses. En la trena
termina su autobiografía.
En 1975 había firmado
un contrato con la Chess que
le aseguraba un álbum
anual, lo que confiere estabilidad
a su carrera. A mediados de
los ochenta ingresa en el Rock´n´Roll
Hall of Fame y protagoniza la
peli autobiográfica Hail!
Hail! Rock and Roll.
Y hasta aquí
la historia de Charles Edward
Anderson Berry. Actualmente,
con los royalties que sigue
cobrando por los cientos de
versiones que se han hecho de
sus temas, Chuck vive de puta
madre. Además, continua
tocando y la gente no le ha
olvidado: es una estrella del
Rock & Roll. Sí señor.
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