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SIPNOSIS
En
la España Imperial del
siglo XVII, Diego Alatriste,
valeroso soldado al servicio
de su majestad, combate en una
guerra en las frías tierras
de Flandes. En una emboscada
de los holandeses, Balboa, amigo
y compañero de armas,
cae herido de muerte. Alatriste
escucha de los labios de su
amigo una última petición
y promete cumplirla: cuidará
de su hijo Iñigo y le
alejará del oficio de
soldado. A su regreso a Madrid,
Alatriste se encuentra con un
imperio moribundo. La misma
España en la que Quevedo
y Góngora escriben sus
versos, Velázquez pinta
sus cuadros, y Lope de Vega
estrena sus comedias, se desmorona
ante la impasibilidad de su
Rey.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Las novelas
de El Capitán Alatriste
de Arturo Pérez Reverte
han constituido un revulsivo
en la literatura de aventuras
por el mimo en la ambientación
histórica, por ese poso
de reflexión, muchas
veces amargo, de una época
crucial de este país
y porque ha logrado todo esto
sin renunciar a los elementos
más efectivos del género
de capa y espada que nos han
permitido vibrar como chiquillos
con las andanzas de este capitán
sin grado. Todo apuntaba a que
esta serie de novelas eran carne
de adaptación cinematográfica,
sólo quedaba desvelar
el cuando, el quién y
el como.
Pues bien esas
preguntas quedan respondidas
con este espectacular Alatriste,
una auténtica superproducción
del cine español dirigida
por Agustín Díaz
Yánez, quien también
firma el guión de la
adaptación. Una adaptación
que abarca las cinco novelas
hasta ahora publicadas, más
algunos episodios inéditos
que aún quedan por escribirse,
espero. Ha sido un trabajo ambicioso
resuelto con destreza por Díaz
Yánez, porque es sin
duda en el guión donde
se mueve con más soltura.
Aunque se puede discutir la
idoneidad de la inclusión
de algunas partes y sobre todo
las ausencias de algunos episodios
y personajes que algunos lectores
echamos mucho de menos, lo cierto
es que la síntesis está
bastante lograda y lo fundamental
en la vida y aventuras de Alatriste
está presente.
Lo que si se
echa de menos es el sentido
del humor que muchas veces destilan
las novelas y que en la película
está completamente ausente.
El personaje de Quevedo está
más cojo que nunca porque
precisamente se le ha privado
en la pantalla de una de sus
armas más efectivas,
el cinismo, el arrojo del “no
queda más que batirse”
y porque en definitiva se nos
ha privado de sus ilustradas
y mundanas aportaciones humorísticas
que tanto se aprecian en las
novelas. También eché
de menos, aunque esto sea una
apreciación más
personal, la rudeza indudablemente
cómica de un personaje
tan entrañable como Bartolo
Cagafuego, por lo que hay que
conformarse con unas dosis de
bestialismo patrio gracias a
las hazañas de Sebastián
Copons (interpretado estupendamente
por Antonio Dechen). Y en este
inventario de pequeños
sinsabores no me resisto a destacar
el poco magnetismo que han conservado
para la pantalla algunos villanos,
en especial el espadachín
italiano a sueldo, Gualterio
Malatesta, cuya existencia novelesca
era infinitamente más
sombría e inquietante
que en su presentación
cinematográfica. En fin,
los inevitables daños
colaterales de las adaptaciones
que en este caso hay que reconocer
no son ni la cuarta parte de
gravosos que en otras adaptaciones
de las novelas de Pérez-Reverte,
quizás por el respeto
a la obra, que intuyo reverencial,
de Díaz Yanez.
De lo que se
trata por tanto es de hablar
del capitán Alastriste
que ha plasmado sobre el celuloide
Díaz Yanez. Y desde ese
respeto del que hablábamos
antes y que ha abocado al director
a la más absoluta fidelidad
argumental, los elementos de
riesgo se trasladan hacia la
dirección de actores
y a la producción. Quizás
la apuesta más arriesgada
era sin duda la elección
del actor americano Vigo Morttensen
para dar vida a Diego Alastriste.
Mortensen había demostrado
con creces sus virtudes como
actor para encarnar al héroe
épico en la saga del
Señor de los Anillos,
pero estaba por ver como quedaba
en la piel del lacónico
Capitán, veterano de
los tercios de Flandes. El resultado
para mi ha sido sorprendente.
Mortensen ha encarnado a la
perfección el papel del
capitán que según
su pupilo y narrador de esta
historia, Iñigo Balboa,
“no era el hombre más
honesto ni el más piadoso,
pero era un hombre valiente...
" Con el apoyo de un físico
muy parecido al que Pérez-Reverte
describía en sus novelas,
Viggo ha ido componiendo el
resto del personaje con miradas,
gestos y unos parlamentos parcos
y desapasionados en apariencia,
que consiguen componer el cuadro
emocional de un personaje duro,
hastiado, pero comprometido
hasta las últimas consecuencias
con sus propios principios.
Me parece además muy
curioso comprobar como la brizna
de acento que no ha conseguido
desechar Mortensen no resta
un ápice de credibilidad
al personaje, por lo que parece
de nuevo una elección
valiente el mantener la voz
original de Mortensen que no
interfiere en un personaje que
economiza en palabras y calla
cuando no tienen nada que decir.
En cuanto a
la producción, es sencillamente
impecable. Con una fotografía
y dirección artística
cuya coautoría con Velázquez
está más que reconocida,
la película es un dechado
de virtudes estéticas.
Yánez ha superado con
creces el reto de manejar una
superproducción costosa,
supongo que a base de rodearse
de excepcionales profesionales
y de confiar en su olfato como
escritor y director de actores,
amen de ese punto de honestidad
como creador que parece poseer
y que hasta ahora le ha dado
tan buenos resultados.
Alatriste ofrece
dos horas largas de aventuras,
intrigas, duelos, guerras, escaramuzas
y un retrato exquisito de la
España de época,
mostrada con toda la crudeza
y esplendor que la caracterizaron,
a través de unos hombres
marcados por la violencia de
un imperio que daba sus últimos
coletazos.
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