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SINOPSIS
¿Por
qué 11.000 personas mueren
cada año en Estados Unidos
víctimas de las armas
de fuego? ¿Es tan diferente
EE.UU. de otros países?
¿En que se diferencia
de otros? ¿Por qué
Estados Unidos se ha convertido
en autor y víctima de
tanta violencia?
Michael Moore
intenta despejar estas incógnitas
en este documental.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Es indudable
la oportunidad del estreno de
este documental hecho en el
corazón del imperio yankee
y cuya carga explosiva sea probablemente
mayor que la de todas las armas
juntas que aparecen en él.
Pero antes
de hablar de la película
en sí, hay que contextualizar
la figura de su director y artífice,
Michael Moore, un excepcional,
ingenioso e incansable espíritu
crítico, en el más
extenso sentido de la palabra.
Este orondo tocapelotas, comenzó
a dar guerra precozmente, ya
que desde jovencito esta ligado
a prensa alternativa alcanzando
cierto prestigio en su país.
En 1989, dirigió un documental
titulado Roger & Me, que
profundizaba en el desastre
social y laboral que provocó
la reestructuración de
la General Motors en su ciudad
natal Flint (Michigan), ciudad
que por cierto vuelve a tomar
protagonismo en este nuevo trabajo.
Otro de sus explosivos documentales
fue The Big One, en el que denunciaba
los abusos de las grandes empresas
y políticos, y con el
que consiguió que la
multinacional Nike, dejara de
utilizar mano de obra infantil
en países subdesarrollados.
Sus trabajos y apariciones en
televisión no han sido
menos polémicos, ganándose
el respeto de cierto sector
del público que ha visto
en su figura la de un hombre
íntegro, sin miedo y
con vocación de denuncia
ante las más fragantes
injusticias. A parte de dirigir
vídeos musicales para
grupos como REM o Rage Against
The Machine, ha ejercitado su
pluma en libros y artículos
con eco más allá
de sus fronteras, y cuyo denominador
común ha sido el desvelar
que en eso del estilo de vida
americano no es oro, ni mucho
menos, todo lo que reluce.
Con semejante
curriculum y lejos de cumplir
el tópico de que los
años vuelven conservadores
a los individuos, Moore se embarca
en este testimonio de dos horas,
en el que se analiza el alto
índice de violencia letal
que asola los estados unidos.
En primera estancia parece un
documental sobre la proliferación
de armas en los hogares americanos,
un hecho que se podría
interpretar como la principal
explicación del sangriento
fenómeno. Pero Moore
va más halla y desarrolla
toda una teoría sobre
el miedo con el que viven los
americanos desde lo albores
de su historia. Con un estilo
ágil, abordando diversos
puntos de vista y sin renunciar
al humor, Moore, va tejiendo
un relato que deja traslucir
la paranoia colectiva que sufre
su país.
Uno de los
aciertos del documental es el
sentido del humor. Por la pantalla
desfilan una serie de personajes
grotescos, con delirios a lo
Rambo, que no pueden hacer más
que provocar la carcajada al
espectador medianamente cuerdo,
aunque la cosa tenga poca gracia,
o situaciones como el mismo
arranque de la película,
en el que Moore acude a un banco
a abrir un depósito cuyo
pago de intereses por adelantado
consiste en un rifle. El obeso
protagonista no pierde la oportunidad
de ironizar con la empleada
sobre lo fácil que es
asociar la combinación
de rifle – entidad bancaria.
Hay tres sucesos
que son utilizados para ilustrar
la situación de violencia
que vive EE.UU: la matanza que
realizan dos alumnos del instituto
Columbine, disparando contra
compañeros y profesores,
el suceso ocurrido en Flint
de un niño de seis años
que mató de un tiro a
una compañera de colegio
de la misma edad y la vergonzante
posición que ha adoptado
la Asociación Nacional
del Rifle, presidida por su
particular Moisés, Charlon
Heston, que por cierto cae en
una entrevista trampa de la
que huye abrumado por las incisivas
preguntas de Moore.
Pero insisto,
lo más relevante es la
particular teoría del
miedo, apoyada por una breve
historia americana en dibujos
animados a lo South Park (por
cierto, uno de sus creadores
es entrevistado por Moore) y
por la aportación de
datos comparativos con otros
países, dentro de los
cuales es especialmente esclarecedor
el caso canadiense que con una
tradición de compra de
armas para uso doméstico
similar a los Estados Unidos,
cuenta con un unos índices
de asesinato por arma de fuego
infinitamente inferiores al
del país yankee. La respuesta
que encuentra Moore, la halla
al encender la televisión
en Canadá...
Aplicando una
de las grandes máximas
de la ficción cinematográfica
al documental, hay que entretener,
Moore logra sus objetivos con
nota, con esta ácida
visión de sobre el pueblo
que se erige como los amos del
mundo. ¡que risa y que
miedo!
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