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SINOPSIS
Dos vaqueros
se conocen en el verano de 1963
y sienten una atracción
mutua. Esta unión, llena
de complicaciones, alegrías
y tragedia, prueba la fuerza
y el poder del amor.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Brokeback Mountain
lleva el estigma de ser la historia
de amor de dos cowboys gays.
Estigma que puede que le haya
beneficiado desde el punto de
vista del marketing, pero que
supone una terrible simplificación
de esta historia de amor dramática.
Como ocurre a menudo, el marketing
etiqueta y focaliza la atención
en una circunstancia que suscita
la curiosidad del espectador.
Con ello genera expectativas
y prejuicios que en la mayoría
de los casos obliga a un visionado
condicionado de la película.
En esas circunstancias
hemos acudido todos los que
hemos visto la película,
pero por el sendero de las dos
horas de metraje del film, esos
condicionantes se van diluyendo
cuando Ang Lee nos presenta
una historia de amor sin apellidos,
con dosis de dramatismo efectivamente
administrados y una ligera tendencia
a la tragedia. Todo ello enmarcado
en unos paisajes maravillosos,
situados en Texas y Wyoming,
acompañados por una bella
banda sonora interpretada por
la guitarra de Gustavo Santaolalla,
lo que imprime un aire bucólico
a toda la historia que la aleja
de cualquier punto de sordidez.
Esta es una
historia más sobre amores
imposibles, como los de las
tragedias Shakespeare. Lo que
cambia son las circunstancias
que lo convierten en quimérico,
en este caso la homosexualidad,
un tabú milenario que
incide especialmente en ese
marco de la América profunda
del último tercio del
siglo XX. Pero lo bueno de la
película de Lee es el
punto de vista neutral con que
se cuenta la historia, la ausencia
de juicios, moralinas u otras
valoraciones. Lee nos deja solos
ante el drama de dos hombres
que se quieren, pero que asumen
diferentes niveles de compromiso
ante su amor y ante la tesitura
de reivindicarlo respecto al
mundo que los rodea.
Como en otras
películas que tocan el
tema de la homosexualidad, aparece
el obligado disimulo ante una
sociedad, el elemento siempre
hostil hacia esas conductas.
Pero en Brokeback Mountain se
deja también entrever
lo que pasa por dentro de estos
vaqueros, el proceso de cómo
asimilan internamente esa atracción
homosexual, la pasión
incontenible pero dominada que
mantienen, el sufrimiento por
la imposibilidad de alcanzar
la felicidad. La manera de contar
esas tribulaciones internas,
de expresar los sentimientos
de estos vaqueros, es tan efectivo,
que poco importa de si se trata
de un amor homo, hetero, bi,
o asexual. Sólo es amor
y cuando lo vemos cercado por
barreras, por lo menos a mí,
me produce siempre el mismo
desasosiego.
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