|
SINOPSIS
Un joven torero
en el ruedo; una actriz que
intenta descubrir el sentido
de su existencia; una profesora,
cuya madre le esconde ciertas
cosas, se cree espiada por una
niña de cinco años
que piensa que los animales
son más grandes que ella.
La niña tiene nombre
de animal y tiene un dogo alemán
con nombre de niño y
corazón frágil.
Un filósofo se reconvierte
a patinador artístico,
una pareja que está esperando
quintillizos deja de comunicarse,
un taxidermista recibe un regalo
de su madre... Aparentemente,
nada vincula a estos personajes,
pero las diferentes partes de
un toro muerto, en su itinerario
por distintos países
y destinos, contribuye a que
todos esos personajes, excéntricos,
normales o patéticos,
se encuentren y se reencuentren
en situaciones absurdas, emocionantes,
crueles, estrafalarias...
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
La joven directora
Delphine Gleize maneja en “Carnages”
una imaginería narrativa
colorista, caótica, un
tanto surrealista y por algunos
destellos de calidad, interesante
y fresca. Tras varias experiencias
en el campo del cortometraje
da el salto al largo con esta
película escrita también
por ella. “Carnages”
es una historia cuyo protagonista
velado es la muerte y que consigue,
paradójicamente, ser
un canto de vida y esperanza.
Delphine Gleize ha bebido de
Buñuel y Almodovar mientras
tenía un ojo puesto en
el cine de su compatriota Jean-Pierre
Jeunet, por lo menos eso transpira
en su cine aunque el resultado
final de su película
diste, y pese como una losa
por momentos, de lo creado por
esos talentos, anteriormente
citados, tan dispares entre
sí. Es loable y digno
de mención el esfuerzo
realizado por Delphine Gleize
por superar influencias y tratar
de articular su propio estilo
cinematográfico, pero
tal vez se le ha escapado la
gran bola que manejaba de sus
manos en su primera película.
El puzzle de
historias entre cruzadas, que
arrancan desde la mirada de
una niña francesa epiléptica
viendo en la tele la sangrienta
cogida de un torero en España,
conforman, a medida que avanza
el metraje, un guión
con importantes lagunas y poco
definitorio de alguno de los
caracteres que en él
se encuentran. Una verdadera
desilusión porque el
arranque del film resulta desconcertante
y muy atractivo. Delphine Gleize
se muestra ambiciosa, en el
mejor sentido del término,
en las formas-lo mejor de su
cine, sin duda-y en la escritura,
plagada de sensaciones, de referencias,
reflexiones e ideas interconectadas.
Desafortunadamente su esfuerzo
constructor y el colorido formal
propuesto no tapan el hecho
que sus historias dentro de
la película parecen estar
casi cogidas con hilos, ya que
el castillo de naipes acaba
por romperse sin conseguir transmitir
las emociones que supuestamente
deberían arrancar en
el espectador.
Los ojos de
la niña de cinco años,
Lio (aquella pálida y
adorable criatura descubierta
en “La Madre Muerta”
por Juanma Bajo Ulloa), abriendo
el mundo de colores, desde un
hipnótico zoom, y la
deliciosa presencia de la camaleónica
Ángela Molina, acaban
por diluirse en un desorden
narrativo tanto o más
que la anecdótica presencia
de Chiara Mastroninani, hija
de Marcello Mastroninani y el
vivo reflejo de su madre, Catherine
Devenue.
|



|