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SIPNOSIS
Londres,
mediados de los 70. Una joven
y moderna belleza pasea por
una calle empujando un carrito.
Los albañiles en los
andamios le silban, pero ella
responde rápidamente
con un comentario mordaz; su
historia, la historia de Patrick
"Kitten" Braden (Cillian
Murphy), es demasiado fuerte
para su gusto.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Neil Jordan
hace en esta película
un retrato de una época,
un repaso por la moda, la música,
la espinosa situación
política por el conflicto
de Irlanda del Norte, pero sobre
todo lo que hace es un retrato
humano, desenfadado, delirante
y sentido de la vida de Patrick
"Kitten" Braden, Gatita,
basada en la novela homónima
y autobiográfica de Patrick
McCabe, que además firma
el guión con el director
de “El Buen Ladrón”
Jordan ha elaborado
una película fantástica,
desinhibida y con un constante
ejercicio de sentido del humor
rico en matices, que tiene además
los mismos ingredientes de una
de sus películas más
célebres: “Juego
de Lágrimas”. Son
obvias las diferencias entre
ambos films, pero es curioso
como catorce años después
el problema norirlandés
y la identidad sexual de los
protagonistas son tratados de
formas tan antagónicas
por un mismo realizador. La
novela de McCabe marca sin duda
el camino de las diferencias,
pero no hay que desestimar la
actitud de un director en continua
evolución y que cada
vez hace películas más
interesantes.
Considerar
un grado de madurez profesional
el dominio del humor en contextos
sórdidos, me parece una
máxima que encuentra
su paradigma en esta película
que tan buenos resultados ofrece.
Además, el humor se crece
con el contraste de una época
tan gris, situada en plena crudeza
uno de los conflictos contemporáneos
europeos más importantes,
y eso hace que la ironía,
incluso la sátira, surjan
de una manera casi natural,
pese a que la vida y actitud
de Gatita sea de todo menos
convencional.
Hay que destacar
la insuperable actuación
de Cillian Murphy, que está
fantástico en el papel
de este inadaptado social y
sexual, que protagoniza historias
delirantes fruto de una imaginación
desbordada, que se presenta
como el mejor antídoto
para inhibirse del oscuro mundo
que le rodea.
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