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SINOPSIS
El primer concurso
internacional para especialistas
en horarios de trenes en la
localidad de Inari, en el norte
de Finlandia, lleva al tímido
Hannes , repartidor de cerveza
de Dortmund cuyo hobby son las
guías ferroviarias, a
embarcarse en un viaje en tren
con dirección al Círculo
Porlar Artíco que cambiará
su distino. Lo que Hannes no
sabe es que lleva pegado a los
talones al Comisario Franck
que le busca por asesinato.
Durante el viaje, Hannes se
ve envuelto en los criminales
trapicheos de una red de falsificadores
de dinero. En el tren también
conoce a Sirpa, amante de las
rosas, y se enamora de ella.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Es una coproducción
germano finlandesa, lo que otorga
el primer y principal pilar
del exotismo que exhala este
curioso film. Ver El Camino
Más Corto es como adquirir
un billete y errar por los bellos
parajes nórdicos, en
la época
climatológicamente adecuada,
por supuesto. La película
se nutre de la obsesión
del protagonista por la optimización
de los trayectos ferroviarios
para embarcarnos en un curioso
viaje desde Munich a Inari,
una localidad finlandesa situada
300 Km. al norte del Círculo
Polar Ártico y que es
el punto más elevado
de Finlandia. El film hace compartir
al espectador los avatares de
un viaje inusitado, de trayecto
irregular y salpicado de imprevistos,
lo que constituye uno de los
principales méritos del
film.
Me atrevería
a afirmar que independientemente
de la excusa argumental, el
curioso ejercicio de ironía
a la finlandesa, de la metáfora
que encierra el viaje del protagonista
en paralelo con sus inquietudes
y anhelos, en lo que este film
profundiza es en todo aquello
que rodea ese impulso de viajar,
de conocer, de aprender. Quizás
sin pretenderlo, en el periplo
de Hannes se condensan las propiedades
nutritivas del hecho de salir
a conocer una zona alejada cultural
y geográficamente del
lugar de donde vivimos, y de
cómo se produce la interacción,
ese milagro consistente en una
apertura mental hacia aquello
que no forma parte de lo cotidiano.
Es obvia,
por tanto, la marcada esencia
viajera del film, apoyada por
el medio de locomoción
más cinematográfico
de la historia del séptimo
arte, el tren, y con la virtud
de una planificación
aparentemente sencilla de un
complejo periplo. Pero hay otros
elementos que influyen claramente
al director y guionista, Peter
Lichtefeld, como es la trama
policíaca, con una mezcla
empobrecida del recurso preferido
de Hitchcook del falso culpable
y una peculiar y fragmentada
relectura la Vuelta al Mundo
en Ochenta Días. Pero
lo mejor en la utilización
de todas estas influencias es
la adaptación a la idiosincrasia
y visión de los pueblos
nórdicos, lo que apuntala
la visión exótica
que citaba al principio, y que
ciertamente dota al film de
algunos momentos francamente
surrealistas.
También
las interpretaciones se contagian
de ese espíritu nórdico,
a veces hierático y frío
como es en el caso de Joachim
Król, el insulso protagonista,
otras de mirada más emocional
aunque de gestos parcos como
en el caso de Sirpa, o de perseverancia
casi cómica, como la
del comisario Fanck. Actuaciones
que a nosotros nos cuesta entender,
y que junto a la utilización
de constantes convencionalismos
y un burdo desenlace, nos sitúa
ante un mediocre thriller cómico,
que es sin embargo un más
que decente film de viajes.
Por último
una objeción hacia el
título en castellano
del film, El Camino Más
Corto, desacertado sin duda,
porque el propio protagonista
explica que lo que busca es
el camino más rápido,
puntualizando que no necesariamente
es el más corto, a lo
que replica la dulce Sirpa,
afirmando que se queda con el
trayecto más bello. En
fin, quizás el traductor
se inspiró en el ánimo
que le condujo a elegir título
en castellano... |




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