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SINOPSIS
Kat Ellis (Debra
Messing) está buscando
al hombre adecuado. Y lo quiere
ya.
Kat no tendría
tanta urgencia por encontrarlo
si no fuera porque la boda de
su malvada, consentida hermanastra
es con el guapo ex novio de
Kat. Esa boda se celebrará
en Londres y está condenada
a ir sola el siguiente fin de
semana. La solución:
contratar a un profesional,
un “acompañante”.
¿Y
qué si su solución
cruza algunos límites
morales además de costarle
seis mil dólares que
tendrá que descontar
de su plan de pensiones?¿Y
qué si su acompañante
resulta ser un .... “chico
de compañía”?
A tiempos desesperados, medidas
desesperadas.
Afortunadamente
para ella encuentra a Nick Mercer
(Dermot Mulroney) uno de los
mejores y más demandados
acompañantes masculinos
de Nueva York. Una vez en Inglaterra,
el perspicaz y carismático
Nick ayuda a Kat a navegar por
las agitadas aguas de su fastidiosa
familia y de su antiguo novio
Jeffrey (Jeremy Sheffield) y
convence a todo el que conoce
de que él y Kat son de
hecho, una pareja
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Persiguiendo
la estela del éxito comercial
de aquellas películas
que llevan el tema “boda”
no solo en su contenido, sino
también en su título,
se presenta esta nueva entrega.
Como en todas aquellas que podamos
recordar (y son muchas), se
buscan todos los enredos posibles
y situaciones absurdas que una
boda suele provocar y se aderezan
con la eterna “relación
imposible” que acaba convirtiéndose
en la “relación
verdadera” al final de
la película. Hasta aquí
no desvelamos nada, pues este
es el guión básico
sobre el que se basa y basará
cualquier proyecto que lleve
la palabra “boda”
en su título. Lo que
las diferencian a unas de otras
es el contexto en el que se
sitúan y los diálogos
que se insertan en el guión.
En este caso,
El Día de la Boda, se
puede destacar la presencia
de Debra Messing en el papel
protagonista. Ella, una desconocida
para algunos de nosotros, no
tanto para otros por su premiado
papel en la serie Will &
Grace, es una cara nueva y proporciona
un toque de frescura a la película.
No puedo imaginar la pesadez
de otra película más
en la que la heroína
sea alguna de las eternas “novias
de América”. No
se puede decir lo mismo de Dermot
Mulroney, quien prácticamente
repite el papel que interpretara
en La Boda De Mi Mejor Amigo.
Quiero decir que su papel en
esencia es el mismo, aunque
su situación y diálogos
no lo sean, obviamente. Mulroney
se caracteriza por una inexpresividad
y una falta de presencia digna
de mención. Y precisamente
para ayudarle en este punto,
el guión, más
o menos original dentro de sus
posibilidades, viene a fallar
justo en el parte en la que
ha de explicar o hacernos comprender
cómo este chico que se
nos pinta perfecto, acaba enamorándose
perdidamente de esta chica que
se nos ha presentado incapaz
de conseguir por sí sola
a un amigo, novio o tan solo
conocido que le acompañe
a la boda de su hermana.
Por lo demás,
la película se puede
tildar incluso de entretenida
y curiosa. Especialmente por
su localización en una
Gran Bretaña falsamente
soleada, con la locura de comidas,
cenas y reuniones familiares
que acontecen durante el fin
de semana de una boda. Con tanto
contacto familiar por metro
cuadrado cualquiera puede ponerse
en el lugar de Kat y sentirse
incapaz de enfrentarse a semejante
fin de semana sola. A algunos
incluso solo la idea les provocaría
taquicardias.
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