|
SINOPSIS
Nueva York,
República Dominicana,
años cincuenta. Madrid,
País Vasco y la República
Dominicana otra vez, años
ochenta. Éstos son los
escenarios y los tiempos por
los que discurre EL MISTERIO
GALÍNDEZ, una película
que transcurre entre la realidad
y la ficción, basada
en la novela Galíndez
de Manuel Vázquez Montalbán.
A finales de
los años ochenta, Muriel
Colber llega a España
para trabajar en su tesis doctoral
acerca de Jesús de Galíndez,
un vasco exiliado en Estados
Unidos tras la Guerra Civil,
secuestrado y desaparecido en
extrañas circunstancias
en 1956 en Nueva York.
Su investigación
abandonará pronto el
ámbito académico
y se adentrará en el
político-policial ya
que los responsables de la muerte
de Jesús Galíndez
intentarán por todos
los medios que sus descubrimientos
no vean la luz.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Siempre me
sentí fascinado por la
trama que elaboró Vázquez
Montalban en un espléndido
libro que poco tiene que envidiar
a los grandes best seller tipo,
Le Carre o Frederic Forsyth.
Una intriga internacional que
además tenía el
añadido de una buena
disección de personajes,
así como una recomposición
histórica detallada,
pero vista desde el prisma de
roles actuales y ajenos, que
descubren un hecho apasionante
por estudiar.
La mayor virtud
de la película de Gerardo
Herrero es la fidelidad a ese
texto, que respeta escrupulosamente,
y que seguramente tendrá
mucho que ver con la labor que
realizó Rafael Azcona,
en el primer tratamiento del
guión y el buen hacer
en el guión de Luis Marías,
además de los convincentes
diálogos adicionales
de Ángeles González
Sinde, que este año debutará
como realizadora. El Misterio
de Galíndez es un digno
recordatorio de esa novela,
una película realizada
con grandes recursos utilizados
de manera racional para mostrarnos
todas las vertientes de la trama.
Hay una gran habilidad para
mostrarnos todos los flancos
de la historia, que implican
varios saltos temporales y geográficos,
pero que está hecho con
claridad.
Con ese respeto
máximo se consigue observar
la agitación de la protagonista,
una joven e idealista norteamericana,
que ve en la desaparición
de Galíndez un claro
abuso de poder de los gobiernos,
tanto americano como dominicano
que en esta historia difuminan
sus diferencias entre democracias
y dictaduras en aras de ocultos
interés. También
queda muy bien reflejado la
débil memoria histórica
de nuestro país, incluso
del nacionalismo vasco, que
no muestran preocupación
alguna de lo ocurrido con Jesús
de Galíndez. Un tema
que todos quieren olvidar, y
que cualquier atisbo de recuerdo
resulta, cuando menos, molesto.
Hay que destacar
también el gran acierto
del casting, empezando por la
elección de la protagonista
Saffron Burrows (Frida, Enigma,
En El Nombre del Padre), que
encarna a la perfección
a Muriel, la becaria atormentada
por un pasado marcado por los
desmanes políticos totalitarios,
fuente de su tesón e
idealismo. Perfecta guiri en
Santo Domingo y España,
donde tiene un novio que es
Guillermo Toledo, que pese a
que en el libro tiene tintes
más alegres e insustanciales,
aquí aparece más
preocupado y turbado por los
avatares de su chica. De todas
formas Willie esta grande y
hace un gran alarde de interpretación,
incluso hablando inglés.
Harvey Keitel, siempre es grande,
y es esta película no
es una excepción, encarnando
un Robards oscuro, hastiado,
cruel. Eduard Fernández
tiene un papel secundario, pero
intenso, el de Jesús
de Galíndez, dirigente
del PNV en el exilio, y ya poco
se puede decir sobre las prestaciones
que ofrece un actor como él,
de una efectividad pasmosa.Podríamos
seguir analizando el casting
internacional, pero lo dejaremos
en un notable general, para
los intérpretes de esta
interesante película.
Con todos estos
elementos era difícil
que el productor y director
Gerardo Herrero lo estropeara,
y pese a que tienes títulos
como realizador deficitarios,
se observa una constada mejoría
tras la cámara, a pesar
de algunos cuestionables planos.
Lo que no cabe duda es su olfato
para elegir historias que enganchan
y que en esta ocasión
se desarrollan a un ritmo envidiable,
que enganchará al espectador.
|




|