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SIPNOSIS
Flandes.
Demester divide su tiempo entre
el trabajo en su granja y paseos
con Barbe, su amiga de la infancia.
Él la ama secreta y dolorosamente
pero es incapaz de expresarlo.
Acepta resignado que ella le
entregue ocasionalmente su cuerpo.
Barbe parece castigarle por
no reconocer ante sus amigos
que la ama y se acerca sentimentalmente
a Blondel.
Demester, Blondel y otros jóvenes
dejan su pueblo para ir a una
guerra en el desierto apartada
del mundo y de la Convención
de Ginebra. La barbarie, la
camaradería y el miedo
le convierten en un guerrero.
Pasa el tiempo, se suceden las
estaciones y Barbe espera el
regreso de los soldados, siente
volverse loca. Demester sobrevive
a la guerra y vuelve junto a
su amada. Es hora de expresar
los sentimientos ¿Podrá
el amor salvarlos?
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Flandres es
una bella película con
cuidada fotografía, paisajes
verdes, comportamientos primarios
de los personajes. De ritmo
suave en la primera parte que
se acelera con las escenas de
una guerra lejana. Parece que
no ocurre nada en la bucólica
campiña francesa pero
ante nosotros se van revelando
los más bajos instintos
del ser humano hasta revolverte
el estomago. Escenas que otro
director cortaría, Dumont
sigue rodando. Se trata de eso,
te confías y de repente
te encuentras desprotegido frente
a una imagen violenta, con los
ojos abiertos como platos e
incapaz de quitar la vista de
la pantalla. Como la cara de
terror del cuadro El grito de
Munch, pánico y belleza.
Director de culto (se le acabará
reconociendo como tal aunque
sorprende que en España
no se haya estrenado ninguna
de sus películas) Dumont
juega con el espectador, provoca
la tensión para que sea
el tiempo y la reflexión
lo que nos reconcilie con él
y con su película y que
el poso final que nos deje sea
un recuerdo tranquilo e incluso
bello.
Estrenada en
el Festival Internacional de
Cine de Gijón, pudimos
ver también sus otras
tres películas: La vie
de Jesús, L´Humanité
y 29 Palms. Flandres es una
mirada subjetiva y personal
de la vida en el campo, del
amor, del sexo, de las relaciones
de amistad. Una mirada brutal,
descarnada, sincera, que muestra
la miseria del ser humano en
una guerra donde se mata, se
viola y se muere, como en todas
las guerras que hay ahora mismo
por el mundo: sufrimiento y
dolor. La realidad es mucho
más dramática
que cualquier ficción,
pero la vemos todos los días
en las noticias y nos hemos
acostumbrado a cientos de muertos
cada jornada. Contemplamos una
sola violación de ficción
en la sala de un cine a oscuras
y se nos revuelve el estómago,
palidecemos y no salimos de
nuestro asombro, conociendo
a los personajes no damos crédito
a lo que hacen. ¿Cómo
se puede rodar la escena sin
cortarla para no herir sensibilidades
como nos tienen acostumbrados?
Pues sí, Dumont las hiere
y además es su meta,
provocar. La cuestión
es si nos atrevemos a mirar
o si miramos a otro lado. No
se ha estrenado ninguna película
de Bruno Dumont en salas españolas.
Es de agradecer que Gijón
se acordara de este realizador
aclamado por la crítica
y premiado en los más
prestigiosos festivales de cine
europeo. |




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