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SINOPSIS
Tenemos a dos
hombres con muy pocas cosas
en común: Meet Willy
Slocum, un joven y ambicioso
fiscal cuya carrera está
empezando a despegar, y Thomas
Crawford, un ingeniero de mediana
edad que acaba de disparar a
su mujer a sangre fría.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Es una película
curiosa que en principio parece
planteada como una película
de corte judicial, la típica
lucha en los tribunales por
defender la verdad y la justicia,
pero que sin embargo contiene
elementos originales que hacen
que la historia cobre un interés
extra. En primer lugar la premisa
es sorprendente: un tipo asesina
a su mujer y decide defenderse
en el juicio para probar lo
contrario. El tipo es Anthony
Hopkins que nos recuerda a su
celebre Anibal Lecter, porque
vuelve a interpretar a un personaje
cuyo virtuosismo está
al servicio del mal. En este
caso Thomas Crawford utiliza
su pasión por el detalle
para reventar las grietas de
un sistema judicial marcado
por las prisas y la poca motivación
de los funcionarios públicos.
Por otra parte está el
fiscal Meet Willy Slocum, joven,
ambicioso, un ganador que acaba
de conseguir su pasaporte para
uno de los más prestigiosos
bufetes del país. Así
las cosas, lo que se nos propone
son unos personajes que despiertan
sentimientos encontrados y paradójicos
con respecto a los que les correspondería
por sus roles. Es decir, uno
siente cierta admiración
por el ingenio del asesino y
bastante repugnancia por el
fiscal yupi que sólo
piensa en el confort de la vida
que le espera. Lógicamente
estos juegos de adhesiones con
los personajes van cambiando
a lo largo del metraje, hasta
poner las cosas en su sitio,
según los cánones
del cine y de lo políticamente
correcto. Pero el punto de partida
es de lo más atractivo
y francamente se disfruta de
los primeros momentos del juicio.
La película
pierde interés precisamente
cuando todo vuelve a su curso,
cuando los personajes vuelven
al redil de los roles que naturalmente
les pertenece. Y precisamente
esa vuelta a la normalidad,
el que el malo ejerza como tal
y los buenos sentimientos y
la filantropía afloren
en el bueno, sea lo menos creíble
de la historia, lo más
manido y traído por los
pelos.
Aún
así Fracture es una película
correcta, que entretiene y se
deja ver, cumpliendo con la
máxima de mantener el
suspense hasta el último
minuto. Anthony Hopkins está
inquietante de verdad durante
la primera parte, recordando
al menos histriónico
y más terrorífico
Lecter. Y Ryan Gosling está
francamente bien en su complicada
doble faceta de pijo superficial
y jurista convencido de la justicia
con mayúsculas.
La película
está dirigida por Gregory
Hoblit, que debutó con
la impactante “Las dos
caras de la verdad”, en
la que descubrimos a Eduard
Norton, uno de los actores más
completos e inquietantes de
Hollywood. Viendo Fracture y
recordando Las Dos Caras de
la Verdad, uno atisba cosas
en común, algo que pudiera
identificarse como el estilo
del director, pero eso va a
ser mucho filosofar para esta
reseña que lo único
que pretende es decir que esta
película es da las que
se puede ver, lo que en los
tiempos que corren, especialmente
en Hollywood, es decir mucho.
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