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SIPNOSIS
“Grbavica”
es una historia acerca del Sarajevo
actual…
Esma quiere
que su hija Sara, de doce años,
tenga la oportunidad de participar
en un viaje organizado por el
colegio. Bastaría con
un certificado probando que
su padre murió como un
mártir durante la guerra
para que saliese a mitad de
precio, pero Esma siempre le
da largas a Sara cuando ésta
le pide el certificado. Al parecer,
prefiere remover cielo y tierra
para encontrar el dinero y pagar
el precio del viaje. Está
convencida de que se protege
a sí misma y a su hija
si no le cuenta la verdad.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
La razón
última de que “Grbavica”
haya logrado varios premios
internacionales, entre ellos
el prestigioso Oso de Oro de
Berlín, está en
la manera de contar la película
elegida por la primeriza realizadora.
Toda la trama está impulsada
de manera invisible por corrientes
subterráneas, que no
ves, que no oyes, pero que son
percibidas, o más bien
intuidas. El argumento parte
de una premisa sencilla pero
muy perturbadora, una mujer
que debe convivir con un trauma
insuperable todos los días.
El espectador no lo conoce hasta
casi el final, pero puede ir
encontrando pistas de que las
cosas no son como parecen. O
mejor, como se dicen.
Grbavica es
un barrio de Sarajevo, un barrio
que pretende volver a su vida
anterior pero que se encuentra
todas las mañanas con
una realidad llamada posguerra.
Otro de los aciertos de la película
es partir de ese drama local,
y sublimarlo para llegar a algo
con un cariz más universal.
Visitamos ruinas con los personajes,
que podrían ser ruinas
de cualquier otra posguerra,
y vemos cómo esos mismos
personajes interactúan
con arribistas de parecido bagaje
moral al de los estraperlistas
de la España de los años
40.
La principal
característica del lenguaje
visual de “Grbavica”
es la austeridad. Pero se permite
alguna licencia, siempre al
servicio de lo que está
pasando en escena. Por encima
de la panorámica que
abre la película, debe
destacarse el montaje plano-contraplano
en el que la hija le pregunta
por su padre ausente a la madre.
Por cierto, en esa secuencia
hay más matices en el
rostro de Mirjana Karanovic
que en la carrera del 90% de
los actores de hoy. No puede
extrañar que el trabajo
de esta actriz haya sido uno
de los puntos más destacados
por la prensa especializada.
Sobre ella descansa la película,
apoyada en una interpretación
que no necesita ser expansiva
o tremendista para conmover
al espectador.
Además,
esta ópera prima, este
primer filme de Jasmila Zbanic,
plantea más cosas. En
ningún momento se aleja
de las pequeñas historias,
de las historias de la mujer
y del hombre común. Pero,
de una manera indirecta, y también
firme, nos explica qué
pasa hoy en Sarajevo, años
después del final de
la última guerra que
ha vivido Europa. Nos explica
que las heridas siguen abiertas,
que no está siendo fácil
superar las consecuencias derivadas
de ese conflicto del cual los
demás empezamos a olvidarnos.
Pero, por encima
de todo, “Grbavica”
es una historia de amor. Un
amor imposible que se empeña
en sobrevivir a pesar de tenerlo
todo en contra. Un amor que
celebra el vínculo más
indestructible que ha conocido
la Humanidad en toda su historia,
el vínculo que une a
una madre con su hija.
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