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SIPNOSIS
“Isi/Disi
, Alto Voltaje” trata
sobre lo difícil que
resulta hoy en día ser
auténtico y atreverse
a soñar con lo que uno
cree. Si en la primera parte
Isi y Disi luchan por conquistar
un amor no correspondido, en
la segunda su misión
es algo más compleja:
se enfrentan a asesinos de élite
adiestrados para matar, a la
mafia discográfica, a
una banda de rock rival llamada
Escuadrón Psicópata,
al Más Allá y
hasta a los tres poderes: el
judicial, el legislativo y el
de las drogas de diseño
chungas. Pero la batalla más
cruenta de todas la libran contra
sus propios egos.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
A las películas
hay que juzgarlas por su objetivo.
Está claro que la secuela
de “Isi/Disi, Amor a lo
Bestia” no iba tratar
de cambiar el mundo del arte,
ni a ser una película
de referencia para los jóvenes
cineastas, ni pasto de charlas
de cine club. Su aspiración
es, quizá, más
noble. Sólo intenta hacernos
pasar un buen rato husmeando
por el lado grueso del humor.
Puestas así las cosas,
debemos decir que la misión
se ha cumplido. Habrá
a quien le guste y a quien no,
como pasa siempre, pero no engaña
a nadie. Promete guitarrazos
y macarradas y ofrece guitarrazos,
macarradas y…cameos.
Podríamos
encuadrar esta película
dentro del “Torrentismo”,
una corriente que es un seguro
de vida en lo comercial, además
de un aparato de rayos x en
lo sociológico. Sin embargo,
lo primero que llama la atención
es el menor protagonismo de
Santiago Segura, relegado a
un segundo plano por el personaje
de Disi, interpretado por Florentino
Fernández. En esta entrega,
Isi es el eje sobre el que pivota
toda la trama e incluso, se
dirige al espectador en varias
oportunidades, resaltando así
su papel de maestro de ceremonias.
También hay que destacar
los cameos, abundantes aunque
sin llegar al extremo de la
saga de Torrente. Incluso aquí
cumplen una función casi
diríamos que argumental,
por lo menos en algunos casos.
Desfilan haciendo de ellos mismos
El Mono Burgos, los Molotov
e incluso las actrices porno
Celia Blanco y Lucía
Lapiedra.
Quizá
la gran novedad de “Isi/Disi,
Alto Voltaje” resida en
su mayor espectacularidad con
respecto a la primera parte.
Hay algunas escenas de acción,
que están rodadas con
dignidad, o sea “en serio”.
Y, sobre todo, no es una colección
de skecthes sino una película
con una excusa argumental mayor
que en otros títulos
del “Torrentismo”,
aunque eso no signifique demasiado.
Incluso podríamos aventurar
que tiene un cierto “mensaje”
al retratar a las compañías
discográficas como los
malos y proclamar que hoy en
día el rock es una marca
y nada más que una marca.
Otro de los elementos que encontramos
en la cinta está prestado
directamente del “School
of rock” protagonizado
por Jack Black o de “Cero
en conducta”, la historia
de unos chavales que quieren
ir a un concierto de Kiss. Nos
estamos refiriendo a la redención
personal por el rock, que es
lo que le ocurre a Angie, la
presentadora de TV ex –
heavy que interpreta Kira Miró.
Podemos encontrar
muchas más virtudes objetivas
en la película. Por ejemplo,
su duración. En un mundo
donde las películas de
James Bond se van a las dos
horas y media es un gusto encontrar
un filme de entretenimiento
que respeta los reglamentarios
90 minutos instituidos hace
mucho tiempo ya por el cine
clásico. Todos estos
elementos ayudarán a
que “Isi/Disi, Alto Voltaje”,
refrende una carrera respetable
en la taquilla, con posibilidades
de llegar a superar a su antecesora.
Pero aún más importante,
será caldo de cultivo
para muchas conversaciones de
bar, de metro, de facultad o
de máquina de café.
Pero nosotros hemos echado de
menos un poco más de
incorrección. Da la impresión
de jugar sobre seguro, de no
pisar más que territorio
conocido. Quizá ya nos
hemos acostumbrado al “Torrentismo”
o quizá ya se ha convertido
en una marca.
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