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LA PELOTA VASCA

Dirigida por: Julio Medem

 

La pelota vasca viene precedida por la polémica y ya es muy difícil que la veamos con neutralidad, capacidad de sorpresa, con la mirada limpia que propone Medem o la dulce ignorancia sobre lo que va a ver, que creo debe tener un espectador sin prejuicios. Es lamentable, pero su deambular previo por los periódicos, por la boca de afectados, protagonistas, ajenos, aprendices de censores, contestatarios de pro y un largo etc. de especies que tienen voz en los medios de comunicación, han destrozado con premeditación y una terrible anticipación (ya se hablaba largo y tendido del film cuando ni siquiera se había estrenado), la posibilidad de un visionado libre de influencias.

Imagino que la gente que se acerque a leer críticas como ésta sobre la película, querrán indagar en las opiniones de los firmantes sobre la polémica, pero si algo hay que criticar es precisamente la existencia de la misma, un obvio y doloroso calidoscopio del nivel de la libertad de opinión y artística que vivimos en este país.

Como os podéis imaginar la película no tiene elementos de escándalo alguno más que una incitación al diálogo y una pequeña muestra de ello, que provocará erupciones alérgicas a aquellos que durante años han evitado este supuesto, principalmente los animales malnacidos de las pistolas y los intolerantes reaccionarios abanderados del pensamiento único. Todos aquellos que se escandalizaron con la interpelación al diálogo que expuso Gemma Nierga a los políticos en el sentido homenaje a Ernest Lluch (por cierto, su hija ha puesto parte del dinero de la herencia de Lluch para el film), lo volverán a hacer con la película de Medem y con energías renovadas. Es todo tan previsible...

Sinceramente creo que la película en sí no tiene demasiadas virtudes, si no fuera por el contexto en el que está concebida. Medem ha dado voz a múltiples personas que tienen cosas que expresar sobre lo que ocurre en Euskadi, cometiendo la osadía de indagar en opiniones a las que habitualmente no tenemos acceso. Quedan claras las posturas, quedan claros los argumentos de los que participan, pero también de los que han rehusado aparecer. Pero insisto, no veo virtudes excelsas en el documental. Todo esto me recuerda a mi primera clase de Lengua en el instituto cuando la profesara nos instó a hacer un resumen de un texto; mis compañeros presentaron el mismo texto pero desprovisto de adjetivos y yo un mediocre resumen del tipo: “este texto trata sobre...”. Era flojo, pero el único que se ajustaba a lo solicitado. La película de Medem es más una respuesta a la necesidad de que se hable del tema, que un ejercicio de calidad cinematográfica o periodística. Pero tiene mérito, vaya si lo tiene. Es el Informe Semanal que llevamos demandando desde hace veinte años, o el programa debate anhelado por los que no nos creemos que la razón sólo tenga un camino, es en definitiva el reto de una prensa independiente que no existe, porque el periodismo se ha convertido en un mercado que bulle de intereses y que ahoga a los profesionales con ansias de hacer un trabajo serio.

No voy a entrar en la polémica sobre el cariz de las intervenciones, simplemente son gente opinando sobre un tema que les atañe de cerca, y que tienen una visión divergente sobre el mismo. Es la expresión amplia del conflicto que supera el mísero debate de “terrorista tu y tu más” y esa es la grandeza del film. Las opiniones, los datos aportados, las ideas expuestas, deben quedar al juicio de un espectador que tiene derecho a escuchar a todos y sacar sus propias conclusiones. Hay muchas opiniones discutibles, pero es que precisamente de eso se trata, de generar un debate con todos los argumentos sobre la mesa. Y si bien es cierto que hay una mayor parte de testimonios de la órbita nacionalistas (recordemos que PP, Basta Ya, Asociación de Víctimas del Terrorismo no han querido aparecer), no es más que un ínfimo desagravio a la constante manipulación televisiva en este país que diariamente y durante años, invierte esta desproporción.

En lo cinematográfico, la inserción de imágenes reales sobre el conflicto es bastante aleatoria y las escasas imágenes de ficción que incluye Medem, como la de los frontones o parajes naturales de Euskadi, son sencillas, rodadas en video, y que cumplen la finalidad de descargar la densidad de tantos personajes, opiniones y entrevistas. Por el afán de trasparencia que asume el director, las entrevistas contienen bruscos efectos de montaje, para dejar claro que ha habido tijera en el razonamiento del entrevistado, en aras de un lógico criterio de economía con respecto al tiempo final del metraje. Yo creo que ese es uno de los handicap de la película y que Medem ha resuelto para mi gusto de manera un tanto atropellada, es decir, ha optado por incluir muchos testimonios pero casi de carácter telegráfico, en lugar de otorgar un mayor desarrollo a esas ideas. Por eso, y quizás Medem haya pensado lo mismo, se erige como valioso y necesario, el trabajo ampliado que se publicara en un DVD de cinco horas, el libro que se publicará o la serie de televisión en 3 capítulos, que seguro no veremos en Madrid. Por último destacar que uno de los hallazgos es sin duda la inclusión de la música Mikel Laboa, que aporta un punto de sosiego, serenidad y belleza a todo el documental.

No suelo reseñar lo que ocurre en los visionados para prensa de las películas, pero cuando se presentó la película a los medios en Madrid, al final muchas personas aplaudieron la película (algo que, creerme, no es demasiado habitual), y permitidme que interprete ese aplauso como un, gracias Medem, por haber tenido la valentía de romper con el mutismo sobre las otras opiniones sobre el conflicto. Luego, a saber lo que escribirán o les dejarán escribir en sus medios a esos compañero, pero Julio puede contar con la gratitud, incluida la mía, de mucha gente hastiada del atropello informativo al que nos vemos sometidos día a día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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