|
SINOPSIS
Isla de Santa
Elena, 1821. Una red secreta
de leales bonapartistas está
preparada para llevar de regreso
a París al Emperador
mientras un doble se hará
pasar por él en la isla.
Cuando el Emperador llegara
a París, su doble de
Santa Elena confesaría
ser un impostor, y Napoleón
reclamaría su trono.
Haciéndose pasar por
el marinero Eugene Lenormand,
Napoleón parte hacia
París mientras su doble,
el Eugene Lenormand real, se
despierta en la cama del Emperador.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
My Napoleon
es una fábula inspirada
en una de las vidas más
apasionantes de la historia
de la humanidad. Aunque más
que una fábula sobre
su vida, se trata de una especulación
sobre su destino final, ese
que los libros de historia narran
como el destierro y muerte en
la isla de Santa Elena. En la
película de Alan Taylor
se conjetura con una posible
huida de su destierro (como
ya lo hiciera de Elba), para
volver a París y recobrar
el poder perdido tras la batalla
de Waterloo. Napoleón
Bonaparte, el emperador, el
pequeño hombre que dirigió
un imperio, acostumbrado a recibir
pleitesía y a gobernar
con brazo firme, recibe una
segunda oportunidad en este
film de vivir una vida normal
y más afortunada en lo
personal que en su gloriosa
historia por todos conocida.
Ese es el acierto
del film, que tomando el carácter
del emperador lo pone a prueba
conviviendo con el populacho.
La riqueza de esta visión
viene dada por la excelente
reconstrucción histórica,
pero sobre todo por la finísima
disección del carácter
de Napoleón que resalta
una vez incrustado en un contexto
completamente diferente al que
en realidad vivió. La
evolución que experimenta
el emperador desterrado y huido,
cuando ve cada vez más
lejos recuperar su gloria es
emotiva, interesante y resuelta
con bastante ingenio en pasajes
tan deliciosos como en el que
aplica sus conocimientos estratégicos
al servicio de los vendedores
ambulantes de melones. Quizás
sea más forzado el hecho
de que encontrara amor y compresión
de parte de una joven y bella
trabajadora, pero las fábulas
tienen estas cosas...
Independientemente
del atractivo de la historia,
la película tiene una
belleza estética incomparable,
mostrando un París de
mediados de siglo XIX, embriagador,
encuadrado en planos casi pictóricos
y con un detallismo minucioso
en el que se incluyen variopintos
artilugios como el visor de
diapositivas que ayudan a narrar
la historia. Un notable esfuerzo
de ambientación histórica
cuya aportación es vital
para el completo deleite de
la película.
Por último
destacar la inmensa labor de
Ian Holm, ahora muy popular
por encarnar a Bilbo Bolson
en la trilogía de El
Señor de Los Anillos,
y que aquí despliega
un trabajo de altura interpretando
no sólo a Napoleón,
sino al doble que le sustituye
en Santa Elena para despistar
a los ingleses. Sus gestos son
medidos, pero esa mano que discretamente
se introduce bajo la casaca
o sus paseos meditativos y nerviosos
a la vez con los brazos tras
la espalda, son movimientos
de una naturalidad tal, que
si no fuera por la poca talla
(en centímetros) que
da este actor, parecería
la mismísima reencarnación
de Bonaparte.
|




|