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SINOPSIS
Llewelyn Moss
(Beolin) encuentra una camioneta
rodeada por un puñado
de cadáveres. Un fardo
de heroína y dos millones
de dólares en metálico
reposan aún en la trasera.
Cuando Moss coge el dinero,
pone en marcha una reacción
en cadena de catastrófica
violencia que ni siquiera la
Ley –encarnada en el desilusionado
veterano sheriff Bell (Jones)
– puede contener. Mientras
Moss trata de evadir a sus perseguidores
– en particular un misterioso
criminal que juega a cara o
cruz con las vidas humanas (Bardem).
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Toda la expectación
de esta película parecía
residir en ver la interpretación
que tantos premios y alabanzas
están deparando a Javier
Bardem. Para mi también,
pero sin perder la perspectiva
de estar ante la nueva película
de Joel y Ethal Cohen, dos de
los cineastas más interesantes
del cine contemporáneo.
Los hermanos Cohen son artífices
de películas esenciales,
con las que han establecido
un sello propio, una visión
personalísima, una manera
genuina de contar historias
que les hace únicos.
Vaya por tanto el primer homenaje
para ellos, porque además
con este “No es país
para viejos” han vuelto
a lograr una película
a la altura de sus mejores obras.
Es curioso
que los Cohen hayan recurrido
a la adaptación de una
novela, ya que su filmografía
está constituida principalmente
por historias propias. Algo
debieron ver los avispados hermanos
en la novela de Cormac McCarthy,
Premio Pulitzer 2007, para decidirse
a adaptarla para la pantalla.
Dicen que McCarthty es el “Shakespeare
del Oeste” y en la filmografía
de los Cohen cohabitan con asiduidad
y maestría los conflictos
genuinos entre personajes y
el Oeste como escenario cinematográfico.
Quizás de ahí
este feliz encuentro.
El caso es
que “No es un país
para viejos” es una película
inquietante, contundente, áspera,
que implica desde el primer
momento al espectador. Dice
Joel Cohen que la historia tiene
un comienzo muy “Pulp”
y es cierto. El arranque de
la película, con el primer
asesinato de Chigurh, es un
excepcional y arrebatador prólogo
de la composición que
Bardem hace del despiadado asesino
y de los derroteros que tomará
la historia. Y es que ya desde
el principio nos enganchamos
a una historia sangrienta, que
luego se simplifica en una película
a la caza del botín y
(por ende del hombre), pero
con muchas peculiaridades. Quizás
la principal sea el papel de
Bardem, el asesino Anton Chigurh,
un marciano psicópata,
capaz de inquietar al más
templado. Es sistemático,
despiadado, frío y sin
atisbo de humanidad. Parece
fácil concebir un tipo
así y no lo es. Lo que
ocurre es que ese camaleón
que es Javier Bardem lo compone
de tal manera que no sólo
nos lo creemos, sino que posiblemente
es capaz de perturbar nuestros
plácidos sueños,
simplemente por haber contemplado
un tipo así.
Cuando salí
del cine nos preguntábamos
porqué a Javier le están
considerando actor secundario,
cuando la película es
bastante coral y él uno
de los protagonistas destacados.
Probablemente la respuesta esté
en que para eso de los premios,
interese más clasificarlo
de secundario, pero su papel
es fundamental y sus apariciones
continuas en la película.
El otro protagonista
es Josh Brolin, que francamente
está muy bien en el papel
de tejano que no piensa renunciar
a su golpe de suerte, pese a
ser perseguido por el temible
Anton.
Tommy Lee Jones
es el sheriff, a la caza del
asesino, pero en realidad es
el lamento del viejo, del morador
de una tierra arraigada a la
costumbre y que ve con asombro
como el mundo cambia sin que
se pueda hacer nada para remediarlo
o comprenderlo.
Todos ellos
participan en una historia de
persecuciones, codicia y violencia,
que bajo el tamiz de los hermanos
Cohen gana en intensidad y en
matices que la hacen escapar
de lo convencional. El efecto
inmediato en la sala de cine
es un estado de continua tensión
para el espectador. La reflexión
sobre el clima y la historia
que nos propone la película,
son efectos secundarios que
uno se lleva a casa durante
algunos días. Los Cohen
han vuelto con lo mejor de su
cine.
Daniel
Vega
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE....
Bardem está
de Oscar, pero esta es una película
con mayúsculas de los
hermanos Coen. Ethan y Joel
recuperan los paisajes desolados
de la América profunda
en la que viven esos personajes
sencillos, que en ocasiones
rozan la idiotez, para entregarnos
un western actual con reminiscencias
del “El bueno el feo y
el malo” de Sergio Leone.
Tommy Lee Jones
(viejo sheriff que añora
tiempos mejores), Javier
Bardem (psichokiller) y
Josh Brolin (héroe entre
la masa) comparten el papel
protagonista de un gran film,
donde la historia y el mensaje
están por encima de los
nombres.
Los hermanos
Coen han adaptado la novela
de Cormac McCarthy “No
country for old men” y
sin embargo han conseguido imprimir
su sello personal en esta obra
cinematográfica que se
coloca a la altura de: “Fargo”
(1996) o “El hombre que
nunca estuvo ahí”
(2001).
Quizá
el mayor acierto consista en
haber separado la historia del
narrador. Colocar a Tommy Lee
Jones como observador de un
thriller trepidante, a veces
angustioso, lleno de esa violencia
fría que impregna todo
en nuestra sociedad actual.
Una violencia que está
latente en todo momento y que
es más perturbadora en
cuanto que se contrapone con
un ambiente en el que se mezcla
la serenidad y belleza del entorno.
Y todo, para
después de dos horas
de metraje, frenar en seco la
acción de la película
y decirnos lo que significa
el título de la película:
La vida es movimiento. El ser
humano en su vejez se siente
perdido ante el cambio, se siente
fuera de la sociedad que ayudó
a construir durante su madurez.
El ahora marca otra forma de
pensar y de actuar, y ese es
un proceso natural e irremediable:
“No puedes frenar lo que
viene”.
Sí,
no es una película para
todos los públicos. Sí,
es una película violenta,
de una violencia incómoda.
Sí, en ocasiones a algunos
les podrá parecer lenta.
Sin embargo, los amantes de
los Coen seguro que la disfrutarán,
así como todo aquel que
se acerque a ella atraído
por el buen cine y no por campañas
publicitarias del tipo “es
la película de nuestro
actor español, nuestro
Javier Bardem”. “No
es país para viejos”
es mucho más que todo
eso.
Montero
Sierra |