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[Nota
de Bernardo Atxaga: Me pongo
a pensar en Obaba y lo primero
que me viene a la mente es el
espejo de la catedral de Norwich,
en Inglaterra. A pesar de su
pequeño tamaño
puede verse en él la
catedral entera, con todos sus
detalles. Yo creo que intenté
hacer algo parecido: crear un
pequeño mundo que hablara
del grande; crear vidas que
hablaran de la vida en general.
Es lo que pretenden historias
como la de la maestra o la del
ingeniero Werfell. Son historias
concretas, ligadas a un tiempo
y a un lugar, que no alcanzarían
su pleno sentido si no hicieran
pensar en la soledad, el amor,
el desarraigo y otras cuestiones
igualmente importantes.]
SINOPSIS
Lourdes, una
estudiante de cine decide viajar
al pueblo de Obaba para realizar
un proyecto del curso. Armada
con una cámara de vídeo
quiere atrapar la realidad de
Obaba, de su mundo, de sus gentes
y mostrarlo tal como es. En
Obaba, a través de una
vieja foto, conoce e intenta
reconstruir las vidas de algunos
de sus habitantes: Merche, Ismael,
Tomás, la maestra…
en un viaje al pasado que también
le ayudará a entender
el presente. Sólo tiene
que encontrar el hilo que las
une a todas.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
He oído
por ahí que “ver
Obaba, es como ir a un buen
restaurante y comprobar que
el plato que has pedido no te
deja ese buen sabor de boca
que esperabas…”
Armendáriz
nos presenta un universo que
recuerda mucho a Secretos del
corazón: La realidad
vista por los ojos de unos niños,
la recreación de la misma
época, la vida en los
pueblos, con sus luces y sus
sombras… Pero si en Secretos…
conseguía engancharnos,
en Obaba hay algo que no está
bien, que no logra el mismo
efecto.
Reconozcámoslo,
es una película “bonita”,
bien hecha, con algunas buenas
interpretaciones (Mercedes Sampietro-
estupenda-, Eduard Fernández,
el niño que hace de Esteban)
una fotografía cuidada…
Pero no convence.
Al menos a los que hemos leído
la novela de Atxaga.
No es que moleste
la transformación de
ciertos elementos del libro.
Toda adaptación del papel
a la pantalla pierde pero también
debe ganar o aportar algo. El
propio Armendáriz, tras
leer la novela, pensó
en llevarla a la pantalla pero
ha tardado bastantes años
en encontrar el modo de hacerlo.
Cambiar al
protagonista por una chica es
una opción del director,
pero la historia de amor entre
ella y Miguel, el hijo de la
maestra, era innecesaria. Quizá
se pretendía que la protagonista
tuviera una parte más
activa y no fuera sólo
mero espectador. No destripamos
el final a nadie si decimos
que esa historia de amor es
uno de los motivos por los que
volver al pueblo pero añade
algo que interfiere en los motivos
de unos y otros para ser y estar
en Obaba.
La novela planteaba
distintos aspectos sobre el
proceso de creación literaria,
que en la película se
transforma en la ficción
cinematográfica, narración
al fin y al cabo. La estructura
de historias dentro de historias,
de especie de ronda de cuentacuentos
que tiene algunas partes de
la novela, por el gusto del
protagonista por los cuentos,
se ha transformado inevitablemente.
Sin embargo el guión
ha conseguido hilvanar las historias
autónomas de los tres
relatos escogidos con buen tino.
La película
tiene cierta magia pero no se
entiende ese tono de misterio-thriller
que se explota en el trailer
y se intenta dar en algunas
escenas de la película.
La mejor historia:
la de Esteban Werfell, la relación
del ingeniero alemán
y su hijo, entre ellos y con
el resto del pueblo, las cartas
que llegan de Hamburgo y cómo
a través de ellas el
niño aprende a amar una
lengua y una realidad que no
conoce sino de oídas.
El que disfrutó
con la novela echa de menos
otras buenas historias (la historia
de jabalí blanco, por
ejemplo, se adivina en una imagen
en la que los habitantes del
pueblo vuelven de una caza-
tal vez se rodó y se
quedó fuera en el proceso
de montaje…-.). El tema
vasco, la cuestión de
la lengua (salvo en la inclusión
de un villancico cantado en
Euskera), que se toca en el
libro, también se deja
de lado, quizá para hacer
la historia menos local.
¿Qué
no nos ha gustado? La actuación
de Barbara Lennie, que no termina
de encontrar la voz y la mirada
adecuada. La, a veces, sobreactuación
de la sobrevalorada Pilar López
de Ayala. El tono cursilón
de la película...
El final nos
deja con la sensación
de que faltan cosas y que los
cinco Eurazos (en día
del espectador!) que cuesta
la entrada los podíamos
haber empleado en otra cosa
(a lo mejor en comprar la novela).
Lagarto, lagarto…
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