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CARY GRANT

SIN FECHA DE CADUCIDAD

 

Aquel Saltimbanqui de circo se lo pasaba bomba riéndose y haciendo reír al público con sus números primero en Bristol, Norwich, Londres, luego en New York, Chicago, Boston, Philadelphia, Archie tenía a sus pies todas las plateas, su gran aventura no había hecho más que comenzar. Tenía encanto, mucha clase y un extraño pedigrí, un morenazo en toda regla, su pelo azabache, sus ojos chispeantes, su hoyuelo y sus muecas guasonas empezaban a cautivar a más de una y de uno.

Instalado en Los Angeles, Archie dejó de existir pasándose a llamar Cary Grant. Las starlets desfallecían con su sola presencia, provocaba verdaderos estragos entre aquellas damiselas. Mae West decidió que sería muy buena muy buena con aquel caballerete, un empujoncito y a triunfar.

Cary empezó a despuntar en films como “La gran aventura de Silvia”, llegando a formar un tandem con Katherine Hepburn único en la historia, ahí está “La fiera de mi niña”, más desternillante imposible, su cara completamente asombrada ante las peripecias de su compañera, se esforzaba en darle a Baby todo su amor, poniéndose cómodo con aquella batita que hacía las delicias a muchas espectadoras o cómo en “Historias de Philadelphia” los ex maridos caras duras siempre llevan las de ganar, Jimmie poco podía hacer ante aquel tornado de hombre. En “Luna nueva” nos volvía a mostrar lo genial que llegaba a ser, su socarronería, su fina ironía, sus poses, su movimiento de cejas eran para descacharrarse de la risa, su boca ametrallaba 100 balas por segundo sin falta de ninguna contienda bélica.

Pero no sólo era capaz de realizar alta comedia, sabía cambiar de registro, resultar un mosquito muerto cuando quería en “Sospecha”, ir de víctima en “Con la muerte en los talones”, ponerse serio cuando era preciso en “Destino Tokio”, ser agente secreto en “Encadenados”, alucinar en un posible matrimonio de lo más psicodélico en “Arsénico por compasión”, dispuesto si era preciso a travestirse por el amor de su vida en “La novia era él”, osadía que crearía escuela aunque pocos llegarían al desparpajo, gracia y garbeo de Cary, a ser el elemento de siempre en “Atrapa a un ladrón”, a la caza de Debora Kerr en “Tú y yo”, al cachondeo padre que se traía en “Bésalas por mí” o en “Operación Pacífico”, al enigmático hombre que con un exquisito gusto se quedó con la angelical “Charada”.

Grant fue maestro de maestros, había nacido con estrella; guapo, simpático, glamuroso, la cámara le quería con locura. Para muchos cinéfilos Grant sigue vivo, ¿muerto?, imposible, los dioses son inmortales y como sabréis Cary Grant era el dios de la actuación.

 

 

 

 

 


Ángeles García Requejo