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JULIO MEDEM

LA MIRADA ABIERTA

 

La mirada de Medem es la mirada de un niño inquieto por dentro, tímido por fuera. De carácter retraído, marcado por una infancia burguesa y una adolescencia contestataria (sobre todo frente a su progenitor, un alemán con convicciones muy de derechas). Se forjó a sí mismo con la convicción de que podría ayudar a los demás a través de la psiquiatría, su profesión anhelada, pese a que al final optara por la medicina, carrera de la que es licenciado.

Al final no ejerció como médico sino que encamino sus pasos hacía el cine por influencia de su contestado padre, gran cinéfilo y aficionado a grabar en súper ocho. Cautivado por la imagen, sólo quedaba dotarla de contenidos para convertirse en lo que hoy es: un respetado director.

El subconsciente humano le inspira especialmente en sus historias. Para él lo que esconde la mente del hombre sigue siendo uno de los grandes misterios a explorar y parece enfundarse en la piel de ese niño tímido pero despierto por dentro, para indagar dentro de personajes y sentimientos. No es extraño que admire a Bergman, Buñuel, Kurosawa, Zulueta y Erice.

Él dice que no busca crear estilo, pero sus películas destilan personalidad por sus peculiares historias, sus estudiados encuadres, su magnífica fotografía, sus espacios abiertos. Dice que todos sus films han surgido a partir de una imagen a la que luego rodea de elementos armónicos. Una imagen + sugestión + duro trabajo de guión y rodaje = Vacas, La Ardilla Roja, Tierra, Los Amantes del Círculo Polar y ahora Lucía y el Sexo.

Su carrera no ha sido meteórica, pero contiene los elementos necesarios para que sea larga y fructífera. Comenzó con los cortos en super 8, luego en 35 mm; tras mover el guión de Vacas por todas la productoras más importantes de este pequeño país cinematográfico llegó, “in extremis”, la oportunidad de debutar y lo hizo sin mucho ruido, pero dejando buen sabor de boca. Pronto llegaron los premios, nacionales e internacionales, pero todavía, ni con La Ardilla Rola, ni con Tierra, tuvo los parabienes de la taquilla. Los Amantes del Círculo Polar, la que él pensaba iba a ser su película menos comercial, le repuso el tan deseado respaldo del público. La preciosa y emocionante historia de amor entre Otto y Ana, recaudó más dinero que todas sus películas anteriores juntas.

Pero Julio, precavido y acojonado con su arriesgada propuesta de amor ártico, pensó que no iba a gustar a la gente y se preparó para rodar películas baratas. Oyó hablar del formato digital, que permitía iluminar casi sin luces y con el que no había que preocuparse por los metros de película gastada, por que no necesitaría celuloide. Él ya había tenido una cámara digital entre sus manos, en el viaje relax tras su último rodaje. Arribó en una isla donde alrededor del faro había enormes agujeros, como si la tierra hubiese sido penetrada por el enorme falo luminoso. A partir de hay fueron llegando Lucía, Lorenzo, Elena, Carlos, Belén, los sueños y el sexo. Y Medem les miró por dentro...

Julio Medem con Elena Anaya