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SINOPSIS
La irrupción
del periodista Manuel Cueto
en la vida del escritor Joaquín
Góñez, a instancias
de la editorial para la que
Joaquín está escribiendo
su último libro, provocará
un desasosiego en la solitaria
vida del escritor, aislado del
mundo y huidizo de sus propios
recuerdos.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Roma es una
película correcta, pero
el olor a naftalina es muy intenso.
Aristarain es un buen narrador,
y aquí se limita a contar
la historia, que es un poco
su historia, Pero el atractivo
del cine de Aristarain se produce
cuando dota a sus personajes
de ideas agudas, inteligentes,
de marcado cariz ideológico
y vital, y en Roma no hay mucho
de eso. Para algunos esta tendencia
a encarnar ideas puede ser un
acto meramente panfletario,
pero cuando lo hace Aristarain
es distinto, porque por un extraño
mecanismo, esos portadores de
ideas cobran vida y entran en
conflictos, contradicciones
y viven pasiones que ni la razón
puede soterrar.
En Roma está
Aristarain, están sus
cosas: su asesino difuso, la
reivindicación de la
soledad como refugio ante un
mundo mediocre, el iluminado
que te reprocha ser un tonto
de baba si te pierdes el placer
de leer o de escuchar música,
asistimos a la licenciatura
de demedio, vuelve el escritor
que lo cuenta todo en sus primeros
libros y que opta por retirarse
cuando no tiene nada que aportar,
ninguna mujer tiene dueño...
pero esas premisas aparecen
deshilachadas, desperdigadas
en un mundo en el que un niño
las fue coleccionando para darles
sentido y crear películas
como Un lugar en el mundo, Martín
H o Lugares Comunes.
Roma es como
el making off de la filmografía
de Aristarain, la explicación
de cómo surgieron sus
ideas, de por qué le
preocupan ciertos conflictos,
de donde viene esa especial
visión del mundo y las
relaciones humanas.
El personaje
de Roma, no tiene la altura
intelectual que los personajes
de Aristarain suele gozar, su
fuerza sin embargo proviene
de algo más primitivo
pero paradójicamente
más humano, ese instinto
de protección a su hijo.
No quiere decir que Roma no
tenga visión propia,
de hecho es una visión
avanzada para su época,
pero en ella pesa más
el amor que siente por su hijo,
aunque aquello no le impida
la visión del mundo en
el que tiene que vivir su retoño.
El cinismo,
la ironía, el poso de
los años vividos filtrado
por esa voz grave de Pepe Sacristán
es la mejor aportación
de la película, el personaje
de Juanaco adulto, ulceroso,
ausente... Juan Diego Botto,
no esta mal, destaca especialmente
cuando hace el papel de Juanaco
joven, y lima sus asperezas
como actor al lado del realizador
argentino que ha demostrado
saber sacar lo mejor de él.
Susú Pecorato compone
una Roma serena, comprensiva,
con una mirada lúcida
pero a la vez maternal.
Esta vez las
filias culturales de Aristarain
se mueven por el mundo de la
literatura, pero en especial
de la música, con constantes
referencias al jazz y el soul,
que se ven reflejadas en una
suculenta banda sonora en la
que aparecen nombres como Charlie
Parker, Billie Holiday, Louis
Armstrong, Miles Davis o Art
Blakey. |




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